Un creador muy pop

Pacho Rodríguez

CULTURA

17 ene 2011 . Actualizado a las 07:00 h.

Aunque tenía nombre y apellidos poco comunes, en un país como España, tan propicio para el olvido de lo próximo, antes y ahora, la figura de Augusto Algueró era la del respeto bajo sospecha. Como si fuera vulgar, culpable, o responsable de haber sido esclavo de su tiempo.

Como todo el mundo. Como José Sacristán con el cine. O Fernando Fernán Gómez. O José Luis López Vázquez. O tantos otros grandes, enormes, que formaron parte de una cultura del espectáculo que se fraguaba con la espada de Damocles de la censura, por un lado, y por otro, bajo la densa niebla del franquismo.

Algueró, además, tenía que haberse apellidado Mancini, o algo así, para que, una vez consagrado, hubiera sido escuchado, con el respeto que se merece, su Moon River particular, que aquí puede que fuera esa Penélope inmortalizada por Joan Manuel Serrat, y que es una de esas canciones que sitúan a un autor en la tierra prometida hacia la que caminan, sin saber si llegarán, pentagrama a pentagrama.

Pero no importa. El tributo con duelo llegará ahora desmedido. Agridulce, pero, a fin de cuentas, ya era hora.

Imperdonable, por desacompasado, para alguien que era capaz de orquestar con la maestría de los clásicos, hacer bandas sonoras, obras largas y canciones con punch. Esto es, al día de los revolucionarios nuevos mundos audiovisuales, Algueró era muy pop.