Tienen más razón que un santo los de Cineastas contra la Orden cuando insisten en denunciar las maniobras de algunos productores intocables (con nombre y apellidos, eternos mangoneadores) en culparlos (con el silencio cómplice del Ministerio de Cultura) del frenazo de Bruselas a la orden de ayudas al cine. Eso de que paralizará al cine español es una exageración interesada, como ayer mismo declararon los portavoces del colectivo.
Otra cosa es que trastorne a algunos productores, en cuyo caso tampoco será responsabilidad de ellos, ya que la Comisión Europea no hace otra cosa que aplicar la igualdad de todos ante la ley.
El error es del Ministerio al publicar en el Boletín Oficial del Estado una orden en la que se deroga la anterior antes de contar con el visto bueno comunitario.
Nadie duda de la voluntad de la ministra González Sinde y del director general de Cinematografía, Guardáns, para dar otro aire a las carcomidas estructuras que soportaban el cine hasta ahora, pero no lo es menos que han cometido una torpeza de libro.
Lo arreglarán, seguro, pero nadie considera ya unos colgaos a Cineastas contra la Orden. Representan a David ganando su primera batalla contra Goliath, quizá la que será definitiva.