McCartney cree en el ayer

Camilo Franco

CULTURA

El concierto se definió cuando se sentó al piano para tocar «The long and winding road» y una buena parte de las 35.000 personas que llenaban Anfield lo secundaron

03 jun 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

Los Beatles dejaron Liverpool demasiado pronto y la ciudad sólo pudo explotar su memoria, incluso en vida del grupo.

Paul McCartney no se estiró mucho en su concierto para celebrar el Liverpool Sound, salvo dos canciones y un homenaje, el show fue el mismo de su última gira, la que pasó por Gijón y Lisboa hace cinco años. Con algo menos de voz. Quien se estiró fue el público. McCartney decidió hablar un poco más entre canción y canción.

Sólo Liverpool puede decir que los Beatles son gente de aquí al lado y así fue presentado el bajista más famoso. Salió y en sus maneras aún se conservan las trazas de aquellos primeros beatles de traje y flequillo. Abrió el concierto con una canción de los viejísimos tiempos de Hamburgo y The Cavern. El resto fue memoria.

El verdadero tono del concierto quedó claro cuando al piano comenzó a cantar The long and winding road y una buena parte de las 35.000 personas que llenaban Anfield lo secundaron. Los cantos fueron a más en el repaso de sus piezas más conocidas: Let it be, Eleanor Rigby , y si es raro escuchar a un estadio cantar canciones tan serias, el primer punto de inflexión llegó cuando McCartney se quedó a solas con la acústica para tocar Blackbird. Como en los otros casos, no pidió que lo acompañaran pero Anfield se convirtió en el coro más grande que el cantante ha tenido hasta ahora.

Un público entusiasta

Quizás McCartney se dio cuenta de que la gente había ido allí a cantar más que a escuchar y el concierto se fue haciendo más grande en lo emotivo y más pequeño en lo musical. Penny Lane, una calle a tres quilómetros del estadio, tenía que sonar a himno y el músico interrumpió la canción tras iniciarla para decirle al público que faltaba algo de entusiasmo, y la melancolía amable del suburbio con bomberos de la canción volvió hacia el auditorio.

El siguiente giro fue hacia el rock, pero la gente ya estaba lanzada y prefería cantar a bailar. Back in the USSR y Lady Madonna quitaron telarañas hasta llegar a Live and let die acompañada del número de pirotecnia de los últimos doce años.

El final no podía ser menos. Volvió al piano y nada más pronunciar Hey Jude se puso todo el mundo a ello, como otro himno de disculpas y ánimo, haciendo caso a la letra de coger «una canción triste y hacerlo mejor». McCartney no se esforzó en cantar y cuando llegó el na na na nanana, na na na na ya no había manera de no entender que el concierto tenía motivos más allá de la música. El músico se fue tras hacer cantar por separado y por junto a mujeres y hombres. El público continuó con el nanana para que el chaval de Liverpool volviese. Pero volvió el hombre que ya ha superado los 64 y remató la faena emocional lanzando Yesterday al auditorio. Se hace raro escuchar tanta gente coreando una canción triste. Pero en Liverpool cantan las canciones de los Beatles como lo que son: música popular. Cantan Yesterday como los gallegos cantamos A Rianxeira.