Un grupo de mujeres se amotinaron en 1918 en una protesta contra los acaparadores de alimentos
26 feb 2018 . Actualizado a las 05:00 h.Historias con historia
Las mujeres solas. Esa era la consigna. Eran ellas, con sus chiquillos, las que emprendieron a las nueve de la mañana del 18 de enero de 1918 los asaltos a depósitos y almacenes de alimentos. No admitían la injerencia de los hombres. Cualquiera que intentara sumarse a sus acciones era rechazado y expulsado. Ni siquiera aceptaban su ayuda para reventar las puertas. «¡Fóra! ¡Aquí bastamos nós!», gritaban y si era necesario los zarandeaban hasta obligarles a marchar. Estaban decididas, ante la ineficacia de las autoridades, a evitar la exportación de alimentos, causante de la elevada subida de precios, y a repartirse lo que encontrasen, ya que muchas apenas tenían para comer.
Trabajadoras del puerto
La movilización surgió de las mujeres que trabajaban en el puerto y vivían en los barrios de Santa Lucía y A Gaiteira. Al grito de: «¡Abajo los acaparadores!», cientos de ellas fueron a por los almacenes donde sabían que se acumulaban patatas, habichuelas y huevos. Durante la mañana recorrieron y saquearon los muelles y la zona del Orzán y Juana de Vega, siendo perseguidas y dispersadas por guardias civiles y militares. Al mediodía, tras hablar una comisión con el Gobernador Civil, parecía que la calma retornaba. Sin embargo, a la tarde volvieron. No se fiaban. Divididas en grupos, se repartieron por la ciudad. Los periódicos nos permiten seguirlas.
Buscaban alimentos
Hacia las tres iniciaron las acometidas en el almacén que en Os Castros tenía Justo Navarro. Buscaban alimentos y se encontraron con sacos de garbanzos, que se llevaron, y numerosas botellas de champán y licores finos, que también se apropiaron y luego, muchas, quedaron abandonadas en los campos vecinos ante la llegada de la Guardia Civil. Otras mujeres, a las cuatro, se abalanzaron sobre los locales del comerciante y exportador Andrés Conchado. Allanaron su tienda del Camino Nuevo (hoy Juan Flórez) y saquearon su almacén de la avenida García Prieto (hoy de Oza), acarreando una buena cantidad de productos, pero no pudieron acceder al de la calle Ramón de la Sagra, donde había cuatro mil docenas de huevos, por llegar a tiempo de impedirlo una patrulla de caballería.
Acción coordinada
En las horas posteriores tomaron o intentaron forzar otros almacenes situados en A Gaiteria, Catro Camiños, Monelos, avenida de Rubine, Orzán y plaza de los Huevos (hoy del Humor). Las fuerzas del orden y del ejército las acosaban y ahuyentaban, pero no cargaron contra ellas con violencia. La prudencia de los mandos evitó la tragedia y no hubo víctimas como ya había acontecido y sucedería en otras ciudades y villas.
Al anochecer, las mujeres se retiraron a sus casas y soldados de infantería y artillería se desplegaron para custodiar los almacenes. No hubo incidentes. Al día siguiente continuaron manifestándose en diferentes sitios, pero solo hubo pequeños asaltos a tahonas. La tranquilidad se restableció hacia la tarde y a ello contribuyó el comerciante Andrés Conchado que vendió en el mercado sus huevos a precio de tasa e hizo repartos gratuitos de patatas. Sin embargo, el problema subsistiría y las protestas se extenderían todavía por otras localidades vecinas de la ciudad como ocurrió en la portuaria Sada o también en Betanzos.