«Aunque no bebo alcohol, hoy brindaré». Con estas palabras explicaba ayer Fátima Aboal la felicidad de no tener que abandonar su casa de O Burgo, amenazada de derribo por Costas. Después de 25 días luchando, la familia consiguió su propósito. Movilizaron a la opinión pública porque sabedores de que la unión hace la fuerza, apostaron fuerte contra la Administración. Y por el momento han ganado la batalla, porque la guerra todavía no ha acabado. «Nos dejan comer el turrón en casa, pero no desharemos las maletas», señaló Aboal. Vaciarán solo lo imprescindible porque saben que tarde o temprano, la decisión judicial acabará por echarlos de su casa.
El abogado de la familia fue el encargado de explicarles que la pesadilla había acabado. «Me llamó y me dijo en cuánto tiempo sería capaz de deshacer las maletas. Pensé que bromeaba, pero cuando vi que era verdad, no pude ni hablar con el llanto», recuerda.
Ayer por la tarde le faltaba lo peor. Avisar a su padre que hoy se quedarán en la que fue su casa desde hace 40 años. La angustia en la que vivía la familia desde el pasado 15 de noviembre puso ayer un punto y seguido. Fátima Aboal asegura que la angustia es menor, pero no ha desaparecido. «Esta solución es temporal y lo peor es que no nos han dicho nada más. A lo mejor mañana cambian de opinión o dentro de tres meses, no se sabe», señala la hija muy preocupada.
Antes de que una nueva notificación de Costas los despierten de este sueño, la familia ha dejado a un lado, la búsqueda de un piso de alquiler.