Las familias de los marineros secuestrados viven las últimas horas con una gran angustia y esperando que todo acabe bien. La empresa les comunicó el domingo por la tarde lo que había sucedido. Mari Carmen Costas Rodríguez, mujer de Cándido Senra, no estaba localizable y se enteró de la noticia mientras veía el telediario en casa de su hermano. «Me descompuse, fue horroroso, no sabía si estaban vivos, porque esos piratas a la vida no le dan ningún valor, mis hijas también se pusieron fatal, no paraban de llorar», afirmaba ayer.
Rosa María Álvarez, hija del patrón de pesca, comentaba en Baiona que se pusieron muy nerviosos cuando supieron del secuestro, pero que oír a su padre hablar por la radio los tranquilizó un poco y les ayudó a mantener la esperanza, a pesar de que se encuentran destrozados.
La familia de Cándido Senra también está muy unida en el domicilio familiar del barrio de O Burgo (Baiona), atenta a la evolución del secuestro. «En cierta medida eran conscientes de que había este problema en la zona en la que trabajaban; la situación mientras no te toca, la ves un poco alejada», dijo ayer uno de los hijos.
María Marín es la mujer de Jesús Pillado, el tripulante cangués del atunero: «Cuando me llamó la compañía, creí que le había pasado algo a él. Cuando me explicaron el caso, llamé a mi hija, que está estudiando en Santigo, y le dije: Blanca, secuestraron el barco de papá. Me apresuré a avisarla por si ponía la televisión», dijo esta canguesa, que lleva con entereza la situación. Su marido lleva 20 años en la misma compañía y desde hace cinco, en el Playa de Bakio . Es panguero, uno de los marineros que, en el momento de lanzar las redes sale en la embarcación auxiliar para colaborar en la maniobra.