La torre fue levantada en O Burgo en 1929 «La madre que la parió, ¡qué dura es!». El epitafio es de uno de los siete hombres que desde las nueve de la mañana a las nueve de la noche de ayer lucharon como jabatos para tirar abajo la chimenea de la Cros. La condenada contaminó en su tiempo, «déjala ir», decían, exhaustos, los operarios.
16 jun 2002 . Actualizado a las 07:00 h.Siete hombres como siete colosos. Parecían una manifestación de grandes que eran. Lucharon durante doce horas contra una chimenea de 36 metros de altura. Le metieron dinamita para volar un monte, empujaron con la excavadora decenas de veces. Les faltó empujarla a mano. Aquella mole de ladrillo no se iba abajo. Resistió como lo que fue, un símbolo. Al final, lo lograron. Pudo más la paciencia y la tenacidad. Exhaustos, los operarios se estrecharon en un abrazo. No era el gol de España lo que celebraban. Acababan de derribar la chimenea de la Cros, un símbolo de Culleredo que dará paso al progreso del siglo XXI. Fábrica química La chimenea se levantó frente a la ría de O Burgo en 1929. Daba servicio a una fábrica de sustancias químicas de origen catalán. Entonces, aquella máquina de contaminar era el progreso. Funcionó hasta 1991. El Concello de Culleredo apostó por la conservación de la estructura arquitectónica de la fábrica, pero la huella de contaminación aún se mantiene en la base de la chimenea, según fuentes municipales, y resultaría «ilógico» su mantenimiento. Así se escribió el último día de la Cros.