GUILLERMO LIAÑO COSAS QUE PASAN
30 sep 2000 . Actualizado a las 07:00 h.Los párvulos andan de enhorabuena. Ayer a eso de las 18 horas, el colegio Andaina estrenaba tres mil quinientos metros cuadrados de aulas y pupitres, en plena Zapateira. Lo primero, el protocolo y los agradecimientos, que eso de construir escuelas no es cotidiano. Hasta el micrófono se arrimaron la directora xeral de Familia, Teresa Rey, y la inspectora de Educación Elena Menéndez. «En tiempos de ratios estudiantiles bajísimos, el proyecto Andaina es una aventura. Estoy a vuestra disposición», prometió la inspectora en cuestión. Placa inaugural y canapés Claro que los honores los desplegó Julio Sacristán, alcalde de Culleredo, que desnudó la placa inaugural, made in cerámica autóctona. Al evento no falto el peculiar bautismo de la climatología galaica, calabobos tras los discursos, que ya era tiempo de canapés y digestión en cadena. La manifetación culinaria tuvo su leyenda. Ganchitos y vino, chorizo y palomitas. Y es que entre tanto adulto, también correteaban sus correspondientes retoños de rigor, con excentricidades dietéticas incluídas. «La escuela Andaina es diferente», aseguraba Beti Navarro, directora del colegio recién estrenado. El adjetivo suena tópico, pero nada más. Frente al hormigón tradicional, paredes color amarillo pastelero tapizando las fachadas. Sin descuidar la gastronomía escolar. «Disponemos de cocinero particular. Nada de catering», explicaba Beti Navarro. Un colegio abierto. Esa es la segunda premisa que abandera la escuela. «Queremos un centro público en toda su extensión, sin ánimo de lucro, que integre a los chavales con necesidades educativas especiales», concluyó la nueva directora.