La crisis climática ha dado un nuevo paso con la llegada de un calor sin precedentes a regiones tradicionalmente frías, una amenaza añadida para la conservación de los llamados archivos naturales de diversidad genética, la salvaguarda alimentaria de la humanidad ante futuras catástrofes, y que cada vez están más expuestos al deshielo de los polos. El hielo actúa como un archivo natural porque el frío extremo, la falta de agua líquida y el bajo nivel de oxígeno ralentizan drásticamente la descomposición y permiten preservar material biológico durante miles de años.
Así lo ha explicado a Efe el ingeniero agrónomo José Esquinas, tras advertir del peligro al que se está viendo sometida por el aumento de las temperaturas del planeta, la conservación bajo hielo de los grandes santuarios naturales de la diversidad genética, cuyo papel alimentario sería clave frente a futuros impactos climáticos añadidos y otros desastres como las guerras.
Bajo la capa de hielo permanente de los polos yacen muestras de semillas, polen, microorganismos y ADN ambiental que se conservan desde hace miles de años, porque el frío ha sido siempre un conservante excelente de la naturaleza por sus propiedades como refugio idóneo para la conservación natural de muestras de la biodiversidad.
Tras más de treinta años trabajando para la Organización para la Agricultura y la Alimentación (FAO) de la ONU, José Esquivel destaca el valor del Depósito Mundial de Semillas situado en el archipiélago de Svalbard, en el Ártico noruego, dirigido a asegurar la diversidad mundial de cultivos y recientemente galardonado con el premio Princesa de Asturias de cooperación internacional.
Las capas de hielo en los polos acogen además miles de millones de microorganismos que al derretirse se perderían. El ingeniero hace hincapié en las propiedades del frío para la supervivencia de muestras biológicas, que almacenadas en entornos a temperaturas de dos dígitos bajo cero, no requieren de electricidad ni otras fuentes de energía para mantener su estado de conservación durante muchos años.
Entre el 2022 y el 2024 se produjo en el mundo la mayor pérdida de masa glaciar en tres años jamás registrada. En numerosas regiones, la denominación de «hielos perpetuos» de los glaciares no sobrevivirá al siglo XXI, de acuerdo a la tendencia registrada.