En su regreso al frente de la Sinfónica, Dima Slobodeniouk puso su estilo al servicio de la orquesta ante un repertorio gustoso en el que formación sabe destacar
07 jun 2026 . Actualizado a las 18:19 h.Dima Slobodeniouk volvió al frente de la Sinfónica de Galicia en un programa entre España y Francia (entre el impresionismo y el expresionismo) con repertorio trillado y gustoso de escuchar, donde mostró su dominio del estilo y de la orquesta. ¿Un cajón de sastre de clásicos populares? Sin duda. Pero Slobodeniouk puso su estilo al servicio del potencial de la OSG ante un repertorio en el que la orquesta sabe destacar.
Como un suspiro pasó el Preludio a la siesta de un fauno, de Debussy, que Slobodeniouk sirvió en una versión plagada de perfume impresionista, con buen cuidado en el uso de las texturas y las progresiones, y espléndido trabajo sobre todo en los diálogos solistas entre la flauta de Ortuño y el oboe de Villa. El amor brujo, de Manuel de Falla, en la versión de 1925 sin cantaora (¿quién después de la incontestable Marina Heredia?). Slobodeniouk cuidó la distribución de planos y coloreó la partitura desde una orquesta implicada (cuerda y metal incisivos donde se debía), que contribuyó a una lectura expresiva y en estilo. De ley destacar a Prokopenko al chelo o González-Permuy al piano, de capital importancia en la creación de los ambientes. Faltó algo al prescindir de la voz solista, pero Slobodeniouk encontró el punto a la partitura.
La Rapsodia Española, de Ravel, derrochó ecos impresionistas desde el Prèlude à la nuit, y la Malagueña dejó patente que Slobodeniouk tiene pillado el punto tanto al estilo como a la orquesta, negociando bien el perfume y los cambios rítmicos de la Habanera mientras que la Feria fue una exhibición de fuerza comandada por un Slobodeniouk que no cargó las tintas. Hemos escuchado versiones mejor acabadas de La valse (Litton el pasado año), si bien esta lució buen sonido y sentido de la danza, también excesiva presencia de la percusión. Slobodeniouk predominó lo espectacular sobre el discurso y la progresión.
El público (regaló una ovación de las que se recuerdan) lo pasó en grande y Slobodeniouk mostró que se puede tener algo que decir con una batuta implicada incluso ante programas trillados.