Bebeto prende la Navidad en María Pita entre recuerdos y vítores deportivistas
A CORUÑA
El astro brasileño fue el encargado de presentar la iluminación junto a Inés Rey
28 nov 2025 . Actualizado a las 21:47 h.Había ganas y recuerdos futboleros. Hoy empezó oficialmente la Navidad en A Coruña. Pero los protagonistas no fueron ni los Reyes Magos ni Papá Noel. Aunque bueno, por decir verdad, sí hacía esta persona algún que otro hechizo. Si no quería Bebeto que vieras la pelota, no la veías. Se la escondía en los bolsillos o en los recovecos del alma entre quiebros, ruletas y amagos. Más de un centenar de goles garganteados dejó en su etapa deportivista. Y como en un epílogo ilustre, volvió el jugador a la ciudad de su corazón para encender las bombillas que marcan el inicio de la que para muchos es la mejor época del año. La de sentarse a la vera de los seres queridos y cantar canciones horteras (ya sean de Mariah Carey, de Raphael o de la intemporal sabiduría popular).
«Yo no lo vi jugar, pero al final es una figura que tienes siempre presente por lo que te han contado tus padres. Es una leyenda», contaba un joven desde primera línea de barrera, momentos antes de que el astronauta del gol hiciera su esperada aparición en los ilustres balcones municipales.
Hasta los bebés estaban
También había, claro, los que estaban en la plaza de María Pita haciendo ejercicio de nostalgia. Un hombre que rondaría la treintena larga acuna a una niña que duerme a duras penas entre los griteríos exaltados de los deportivistas. «Recuerdo perfectamente los años de Bebeto. Es uno de esos jugadores brasileños que marcaron una época en el fútbol mundial. Bajamos todos los años a ver el encendido, pero este con más ganas por verlo a él».
Se enfureció sanamente la multitud cuando la luz del despacho de alcaldía reflejó, por fin, la figura de aquel hombre que valió puntos y puntos en la época en la que los puntos se le caían al Dépor de los bolsillos. Con emoción visible de reencontrarse con los que nunca dejaron de ser los suyos, el que un día fue el mejor de todos los bailarines del balón volvió a ser, por unos segundos, el mismo de siempre. Y entonces el tiempo no se paró sino que retrocedió y los presentes se sintieron celebrando los títulos que un día fueron.
«El Deportivo siempre estuvo en mi corazón», confesó Bebeto. Uno de los presentes, ataviado con los hábitos blanquiazules, no se pudo resistir. «Y tú en el nuestro», le respondió desgañitándose. A pesar de los años y de los requiebros de la vida, que regatea casi tan bien como el 7 de la Canarinha, el pensamiento de Bebeto lo asaltó inmediatamente el Dépor de hoy. «Ahora vamos a subir a primera división. Por eso tenemos que llenar el estadio y animar», arengó a la concurrencia. La respuesta fue inmediata. Un remolino de chillidos de euforia que eran como un pacto que decía que sí, que la ciudad iba a defender su colina hasta el último instante y que el equipo que hubo tendrá su reflejo, más pronto que tarde, en el equipo que será.
Flanqueó al invitado de honor la alcaldesa, Inés Rey, que sin embargo decidió ceder el protagonismo al séquito de niños que los acompañaban desde lo alto del balcón ilustre. Conteniendo el aliento porque, aunque no lo vieran, sabían bien quién era aquel señor de acentos brasileños.
Las familias que paseaban vieron también prenderse los habituales techos de luces del centro, desde los velos tintineantes de la calle Real hasta los adornos y la bola de los Cantones, O Parrote o A Marina. Un encendido acompasado que fue como un pistoletazo de salida colectivo.