Chelís Quinzá, actor: «Actuar en el Rosalía es mi sueño, me crie en la calle Real»
A CORUÑA
El intérprete se sube por primera vez a las tablas de su ciudad con «Norma», una obra experimental que juega a incomodar al público
21 nov 2025 . Actualizado a las 05:00 h.No es por Navidad (aunque casi), pero el actor coruñés Chelís Quinzá vuelve a casa. Lo hace después de haber recorrido escenarios y platós de toda España. Desde las televisivas Rapa o Valeria hasta las impolutas producciones del Centro Dramático Nacional. Este sábado, 22 de noviembre, retorna a sus orígenes para incomodar con la obra Norma (Teatro Rosalía, 20.30 horas).
—Es un coruñés que nunca había actuado en A Coruña. Ilusionado, imagino...
—Aparte de que actuar en el Rosalía es mi sueño, es que yo me crie exactamente ahí. En la calle Real. Ahí jugaba de niño y ahí estuve a punto de morir en un accidente en bicicleta que tuve. Estudiaba en esa biblioteca por las tardes. Es la primera vez que voy a actuar en mi ciudad, y para mí es algo que va más allá de lo profesional. Que es familiar. La primera vez que fui solo al teatro fue precisamente al Rosalía, a ver a Carmen Machi. Llevo con el objetivo de subirme a ese escenario desde que empecé.
—Habrá familiares y amigos de aquí que nunca lo han visto actuar...
—Mi tío Julio, que es una de las personas que más quiero en mi vida, nunca me ha visto encima de un escenario y claro, este sábado será la primera vez. También viene mucha familia por parte de mi madre, vienen muchos amigos que nunca me han visto encima de un escenario con esta obra, que es inquietante, no deja indiferente a nadie y toca temas bastante potentes. Es lo que me gusta, generar un conflicto cuando la gente salga de ver la obra.
—¿Qué es Norma?
—Esta obra rompe los cánones de la normalidad en escena. Bailan todo tipo de cuerpos, hablan todo tipo de voces, se rompe la estructura de lo que es normal en la danza, en el teatro y encima de un escenario. Porque lo normal es que nadie se tire un eructo, pero en esta obra hay un eructo en directo. Lo normal es que las coreografías sean bonitas. Pues no, aquí trabajamos sobre todo la fealdad. Me llama mucho la atención ver en escena esa cosa que no se suele ver en las propuestas que buscan lo bonito o lo estilizado. Aquí nos volvemos seres mitológicos, nos volvemos monstruos. Sobre todo, he trabajado con la idea proponer aquí lo que yo haría en mi casa sin que nadie me viera. Es un lugar de vulnerabilidad muy grande, pero que como intérprete me parece agradecido y que nos da un espacio para poder investigar esa parte de nosotros.
—¿Hay personajes como tal o hasta esa estructura se subvierte?
—Es una obra que no tiene personajes. Roza incluso la performance. Yo tengo un monólogo, pero a la vez me muevo en escena feliz. Es lo más parecido a un rasgo de personaje que tengo, que estoy feliz. En cierto modo, puedo hacer de mí mismo. Es más como un tránsito de cuerpos moviéndose en escena y hablando.
—Aunque no ha estrenado en A Coruña oficialmente, sí que ha vivido muy activamente la interpretación en esta ciudad.
—Desde pequeñito he estado en contacto con el mundo de las artes escénicas en A Coruña. Hice teatro en una asociación cuando era pequeño y me formé en danza aquí. Estuve muy en contacto sobre todo en la calle.
—Se habla mucho en obras experimentales de incomodar al espectador. Pero no se habla tanto de la incomodidad del propio actor...
—El tema de incomodar ha estado muy presente en todo el proceso de creación de Norma porque también es lo que nos pedía el director. Y como esta obra tiene que incomodar, nosotros también como intérpretes tenemos que hacer un trabajo de lanzarlos a la piscina.