Cuenta atrás para el parque en el Agra do Orzán, en A Coruña, con la caída del muro del Observatorio 25 años después
A CORUÑA
La alcaldesa, acompañada de representantes vecinales, asistió este martes al derrumbamiento de la estructura, que marca, tras años de espera, el inicio del primer proyecto de zona verde en el barrio
14 oct 2025 . Actualizado a las 18:36 h.Como en una versión en miniatura y mucho más cotidiana de aquel suceso histórico berlinés, decenas de personas atendían este martes, con semblante celebratorio, a la caída del muro del parque del Observatorio, en el barrio del Agra do Orzán. Es el inicio del fin de una lucha que se ha prolongado años y años. De una historia que gravita entorno a un clamor popular y a la protesta contra una injusticia. Porque este coruñés barrio, uno de los más densamente poblados de Europa, no tiene aún ninguna zona verde. Calles estrechas, edificios altos y poco espacio para decenas de miles de almas que se sienten cada vez más como sardinas enlatadas.
Por eso las emociones eran tan palpables cuando la excavadora comenzó a golpear la piedra. A derrumbar la estructura que hasta ahora negaba a los habitantes del lugar la visión de alguna brizna de hierba entre los mares de cemento. La alcaldesa, Inés Rey, presidía la comitiva oficial que, en primera fila, celebraba lo que entendían como un gran triunfo. La culminación, bajo el sol de octubre, de un larguísimo rompecabezas municipal. «Es un día muy feliz para mí como alcaldesa y como vecina, sobre todo por ver a tantas personas aquí emocionadas, algunas hasta la lágrima, después de tantos años esperando que cayera este muro del parque del Observatorio. A este compromiso llegué con los vecinos del Agra do Orzán, uno de los barrios con mayor densidad de población de Europa, que no tenía un espacio verde para el esparcimiento. Hoy, el sonido de la pala, después de tanta espera, suena casi a música celestial. Ha sonado al compromiso del gobierno por los vecinos», apuntó la regidora después de haber recogido, como trofeo, varios pedazos de piedra del muro ya esfumado.
«Nós tiñamos claro que dun xeito ou doutro este muro ía caer, coma se tiñamos que facelo nós mesmos. Agora temos que advertir de que a loita continúa». Ricardo Seixo, presidente AA.VV. Agra del Orzán
Pero queda aún camino por andar. Los vecinos —presentes allí por decenas y representados por la Federación de Asociaciones Vecinales y las asociaciones del Agra do Orzán y de Entre Rondas—, se sonreían y se felicitaban, pero también aprovechaban para recordar a la alcaldesa que aún no había llegado el momento del triunfo final. Que ahora era tiempo de usar la inercia para llegar más lejos, no para dormirse en los laureles. «Nós tiñamos claro que dun xeito ou doutro este muro ía caer, coma se tiñamos que facelo nós mesmos. Agora temos que advertir de que a loita continúa. Isto é o principio do parque do Agra. Entendemos que o Observatorio ten que desaparecer de aí, e a continuación está o campo dá Burra. O parque que nós concibimos é de aquí á zona de Peruleiro. O espazo verde que temos, se imos a o que esixe a Unesco para unha poboación como a do Agra, é ridículo», reivindicaba Ricardo Seixo, presidente de la Asociación de Vecinos del Agra do Orzán.
El primer pulmón
Chus Piñeiro, de la misma organización que Seixo, recuerda los esfuerzos y las movilizaciones que hicieron falta para que, por fin, llegara el día en el que se desmigajara la barrera de cemento empedrado. «Hasta hicimos una canción para reivindicar un parque en nuestro barrio. Pero lo veíamos todo parado, creíamos que no iba a suceder, hasta que hoy, por fin, se mueve el proyecto. Parecía que nunca llegaba, que cada vez estaba todo más lejos. No sabíamos qué más hacer para que nos hicieran caso». Inés Rey se paseaba contenta por la parcela, saludando y atendiendo preguntas. Mirando a su alrededor como construyendo con la mente lo que será, esperan miles de coruñeses, el primer pulmón verde de una zona que necesita, desde hace ya muchísimos octubres, respirar con dignidad.
El Ayuntamiento espera que la primera fase de la obra esté lista antes de que termine el año. Por lo tanto, se intuye ya a la vuelta de la esquina esa línea de meta a la que ha costado más de un cuarto de siglo —y muchos dolores de cabeza— llegar. Desde que, allá por 1999, más de un millar de ciudadanos —1.400, concretamente— rubricaran con sus firmas una petición para recalificar el terreno —de casi 5.000 metros cuadrados—. La insistencia venció.