Michael Sanderling ofreció música de Ravel y Shostakovich con Varvara como solista
17 may 2025 . Actualizado a las 22:28 h.La guerra planeó sobre el programa de esta semana de la Sinfónica. Michael Sanderling ofreció música de Ravel y Shostakovich con Varvara como solista.
El Concierto para la mano izquierda, de Ravel, fue un encargo del pianista Paul Wittgenstein, que perdió su brazo derecho durante la Primera Guerra Mundial. Se escuchó una versión bien construida. Sanderling resaltó el expresionismo de la partitura y se prodigó en matices, capaz de subrayar los coloristas tutti con el mismo acierto con el que trabajó los pasajes más camerísticos (grandes trabajos solistas de fagot, contrafagot, flautas o trombón). Al piano, Varvara estuvo expresiva, cálida y con digitación bien articulada, lo que hizo que este breve concierto supiese a poco. Su bis fue una lección de fraseo y clase.
La dimensión de la Séptima de Shostakovich debería convertirla en la única obra en programa; pero aquí ocupó la segunda parte. La lectura de Michael Sanderling de este himno de resistencia del pueblo de Leningrado ante el asedio nazi tuvo una construcción catedralicia y permitió a la OSG desplegar toda su artillería. Buscó sonido grande pero cuidó los pasajes más líricos con la complicidad de una orquesta que ofreció gran empaste y afinación en los tutti y por familias. El crescendo del primer movimiento permitió escuchar los planos con claridad. El segundo equilibró tensión y lirismo, con una batuta coherente en el discurso y generosa en matices. El adagio destacó por redondez y el final por la expansión de la cuerda o el buen trabajo de un metal punzante e incisivo, y un tutti escalofriante. Entre los solistas, estupendos trabajos de fagot, oboe, flautas o concertino. La batuta, siempre demasiado seria, mostró el buen sonido de la OSG; pero pasó de puntillas por la ironía de la obra, presentada como una demostración de poderío. Lectura válida, efectista, al servicio de una orquesta que se crece con batutas de peso.
Buen concierto. Shostakovich (como Bruckner) es especialidad de la OSG: por eso aparece con tanta frecuencia en la temporada; demasiada frente a la escasa presencia de otros repertorios.