Aunque no es fácil plantear un programa con dos obras canónicas del repertorio, desde el principio se vio que el cuarteto tenía algo que decir
14 feb 2025 . Actualizado a las 20:36 h.En apenas unos años, el Quartett Hana (Gyurim Kwak y Fuga Miwatashi a los violines, Simon Rosier a la viola y Tzu-Shao Chao al cello) apunta a convertirse en una sólida referencia en el universo de la música de cámara. Así lo demostraron en su concierto dentro de la temporada de la Filarmónica de A Coruña: programa clásico (Haydn y Beethoven), pero versiones rebosantes de pulso.
Aunque no es fácil plantear un programa con dos obras canónicas del repertorio, desde el principio se vio que el cuarteto tenía algo que decir. Su Haydn (Cuarteto opus 33 número 1), pronto se repuso de algún ocasional sonido destemplado en las cuerdas agudas en el movimiento inicial para mostrar las señas de identidad del conjunto: tempi generosos, pero nunca acelerados y cuidado por la variedad de las dinámicas lo que da a la versión una fuerte sensación de novedad y frescura. Especialmente logrados los movimientos rápidos (el Scherzo y el Presto final), se notó además que los cuatro instrumentistas saben escucharse y trabajan por el bien del conjunto, fundamental al hacer cámara: así, lograron planos muy equilibrados.
Con Beethoven (Cuarteto número 8, Razumovsky 2), todo sonó más temperado. Se apostó por tempi en general ágiles, en una versión viva que aprovechó algún juego de disonancias para subrayar la modernidad de esta música y dar un toque fresco a la música. Nunca se descuidó ni el equilibrio ni la claridad del sonido y, con todo, dentro de la fluidez de la versión, lo más redondo fue lo acariciante que sonó el Molto adagio, donde se pusieron de manifiesto el conocimiento del estilo y la calidez del sonido que fue la tónica de la noche. Versión viva, susceptible de algún borrón puntual en sonoridad; pero capaz de aportar algo valiente a música muy escuchada: cuando esa es la apuesta, hay que agradecerla y considerar que los defectos, cuando son anecdóticos, solo demuestran que la música está viva.
Al aplauso, generoso, correspondieron con una propina vibrante. Desde luego, saben hacer música.