El perro se va de procesión

Luís Pousa Rodríguez
Luís Pousa CRÓNICAS CORUÑESAS

A CORUÑA

Marcos Míguez

Si en algo se ponen de acuerdo los puritanos de izquierdas y los tiquismiquis de derechas es en su afán por censurar todo lo que se menea

05 jul 2022 . Actualizado a las 05:00 h.

A Yoseba M. P. le afean que haya plantado un perro con cuerpo de hombre —o un tipo con cabeza de can, qué más da— en un mural que representa una procesión en la pared de una casa de Oleiros. En esta ocasión, al artista le han saltado a la chepa los ofendiditos de la banda derecha, porque entienden que el muralista anda jugando con las cosas de rezar. Pero también podían haberse inflamado los ofendiditos del flanco izquierdo por ponerle al animalito un jersey colorado, con el calor que da el cambio climático.

Porque si en algo se ponen de acuerdo los puritanos de izquierdas y los tiquismiquis de derechas es en su afán por censurar todo lo que se menea. A los dos bandos les encanta, por ejemplo, tapar los pezones allí donde asoman gloriosos, con esa insolencia que ignora la ley de la gravedad. Unos dirán que un pezón al aire incita al pecado carnal y al adulterio; y otros, que enseñar los pechos cosifica a la mujer, pero ambos compartirán con entusiasmo el rotulador rojo para tacharlo.

Al cadelo de Oleiros, como a los pezones, también lo quieren borrar del mapa porque dicen los ofendidos del sector conservador que a ver qué pinta un perro en una procesión. Yo no entiendo mucho de ritos y liturgias, pero como quitemos a los perros de las procesiones no sé qué dirá el bueno de san Roque, que siempre que lo sacan por el 16 de agosto se lleva de paseo a su can adherido al tobillo.