«Su mayor ilusión, nos contaba su amigo Pablo Carballido, era mantener la voz para seguir haciendo el Allegro. Lo hizo casi hasta el último momento. Cómo vamos a echar de menos su "bo día"»
05 jul 2022 . Actualizado a las 14:58 h.«Bo día», se escuchaba por el pasillo. Y ya sabías que detrás de aquella voz grave venía el cuerpo enorme de Antón de Santiago, preparado para un nuevo Allegro de domingo. Es lo que tenía su voz, que aparecía dos pasos por delante. Ese mismo saludo, ese «bo día», lo utilizaba cada mañana de domingo para saludar a los oyentes de un programa que presentaba desde octubre de 2003, acercando la música clásica cada semana de una forma muy personal, tanto como su voz y su manera pausada de conducir el programa. Melómanos de atar es una de esas secciones que se habían convertido en un referente, porque por allí pasaban sus amigos, sus alumnos, gente que no tenías ni idea que era una loca de la música clásica, y a veces te invitaba. Mira, te decía, ¿qué te parece si esta semana me hablas de ballet? Y allí estabas, sentada en el estudio con él y su voz hablando de tutús y puntas y danza contemporánea. O te dejaba un espacio para contar quién era James Rhodes cuando comenzaba a convertirse en un fenómeno. Y era estupendo compartir ese tiempo con él, que escuchaba con atención lo que le contaba alguien que de música clásica sabe lo justo, aunque le apasione, y él iba aportando las pinceladas generosas de quien sí sabía.
Celebró los 15 años del programa en el Palacio de la Ópera, donde reunió a sus amigos, algunas de las figuras más relevantes de la música en la ciudad. Y consiguió que Inés Rey y Juan Ignacio Borrego se convirtiesen en personajes del Tenorio.
Su mayor ilusión, nos contaba ayer su amigo Pablo Carballido, era mantener la voz para seguir haciendo el Allegro. Lo hizo casi hasta el último momento. Cómo vamos a echar de menos su «bo día».