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Alrededor de Shostakovich

Antón de Santiago CRÍTICA MUSICAL

A CORUÑA

EDUARDO PEREZ

Gran ovación para la Sinfónica en el Palacio de la Ópera en el tercer abono

24 oct 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Tercero de abono de la OSG con Dima Slobodeniouk y el pianista irlandés Barry Douglas (1960) y el trompetista belga Jeroen Berwaerts (1975). En atriles Concierto para piano y trompeta, op 35, de Dmitri Shostakovich (1906-1975), Sinfonía n. 4, op. 153, de Mieczyslaw Weinberg (1919-1996) y Concierto para piano n. 2, op. 102, de Shostakovich. Palacio de la Ópera. En 1933 Dmitri está abierto a las estéticas occidentales. Empieza un concierto para trompeta, pero concernido por su instrumento, el piano, lo pasa a protagonista. La trompeta aportará color, alegrías de music-hall y la melancolía del clown. Se configura eclécticamente en los movimientos Allegretto, Andante (calma y meditación), Moderato que brevemente desemboca en Allegro con brio. Gustó la obra, muy aplaudida.

El polaco Weinberg (1919- 1996) hubo de refugiarse en la URSS tras perder a su familia por el holocausto. Se formó en Moscú con Balakirev y Rimski. Fue amigo de Shostakovich. Con 20 sinfonías y 17 cuartetos y otras obras en su haber, escribe en 1992 su cuarta sinfonía de cámara. Orquesta de cuerda y destacado papel del clarinete, que Juan Ferrer desempeñó con brillo y arte. Un solo movimiento dividido en 4 partes, en las que se manifiestan energía, optimismo, aflicción y desesperanza, repaso, según él, a su peripecia vital. Magníficos solos de concertino y principal de chelo y la precisión de toque en el triángulo por parte de Dima, amén de su rigurosa conducción. De 1933 a 1957, en que Shostakovich compone el n. 2, se instala una etapa de terror, para él desde Lady Macbeth de Mtsenk, de la que no se libra hasta la muerte de Stalin en 1953. Lo escribe para su hijo Maxim, de 19 años. Al orgánico se incorporan maderas, metales y percusión: Allegro (fluyente y enérgico) Andante (de sugestiva belleza) y Allegro (optimista y festivo). La demanda para el piano es notable en toda la gama, exigente pulsación, squillantes escalas y el gran desideratum del piano: el legato. Puso todo Douglas, cuya propina fue un fragmento de Los cuadros de una exposición, de Mussorski. Formidable el sonido de la cuerda, con exquisitos matices del forte al pianísimo. Encomiable entendimiento entre orquesta y director. Y larga ovación..