¡Qué terror tuvo que sentir!

Alfonso Andrade Lago
Alfonso Andrade CRÓNICAS CORUÑESAS

A CORUÑA

Lugar en el que Samuel cayó herido de muerte.
Lugar en el que Samuel cayó herido de muerte. MARCOS MÍGUEZ

14 ago 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Desarmados ante la Justicia, abrumados por las evidencias, conscientes ahora de la gravedad de los hechos... Temblorosos, con lágrimas en los ojos, con la voz quebrada... Asombra su fragilidad al verlos declarar ante la jueza. Son solo unos chavales que viven todavía en casa de sus padres y, sin embargo, vistos desde la óptica del presunto delito, en ningún momento he logrado sentir pena o compasión. Ni siquiera el más mínimo ápice de empatía.

A Samuel lo persiguió una jauría enfurecida. Le dieron caza y entre varios lo lincharon como antaño se linchaba a las alimañas en el monte. Botellas por palos, puños por armas, recibió una paliza de más de cuarenta lesiones que le destrozaron los pulmones y el cerebelo. Sin posibilidad alguna de defenderse, lo único que pudo hacer es tratar de resistir el abrazo de la muerte.

Y todo esto, ¿por qué motivo? ¿Por una grabación que nunca se llegó a hacer, con un teléfono que ni era suyo ni manejaba él? ¿Por su orientación sexual?

Los que mataron a Samuel no sintieron pena ni lástima. Perseveraron sin compasión en sus ataques hasta que le quitaron la vida. Ni siquiera tuvieron piedad cuando, en brazos de Ibrahima y seguramente herido ya de muerte, apenas acertaba a susurrar «ayúdame, ayúdame».

¡Qué terror inefable tuvo que sentir ese muchacho! ¡Qué pánico en esa cacería de seis minutos sin escapatoria posible! ¡Qué dolor atroz en su agonía!

No. Lo lamento, pero no consigo sentir pena, compasión o empatía por los imputados. Si en el juicio se demuestra su culpabilidad, caiga sobre ellos la Justicia con toda su contundencia, y con la misma piedad, misericordia y clemencia que ellos tuvieron con Samuel.