El olvidado desván del Palacio de la Ópera de A Coruña se convierte en un singular museo del reciclaje

Fernando Molezún A CORUÑA / LA VOZ

A CORUÑA

F. M.

José Ramón, un hombre sin hogar, vive, cuida y decora el almacén, mientras el Concello le busca un alojamiento en un centro de acogida

11 jun 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

En lo alto del Palacio de la Ópera de A Coruña, frente al anfiteatro del parque de Santa Margarita, hay un almacén que durante mucho tiempo ha sufrido falta de uso y al que alguien le ha encontrado mayor utilidad. José Antonio, un hombre canoso y con gran destreza en todo lo referente a jardinería y reparación de objetos, ha transformado el pequeño jardín que está a la puerta de este inmueble llenándolo de macetas y plantas que riega cada día.

«Salí de prisión hace 25 años tras cumplir una condena de 15 años y ocho meses. Estuve trabajando de muchas cosas, en la madera... Y ahora ya estoy jubilado, porque voy a cumplir 70», explicaba ayer en Radio Voz. Pero aunque sea lo que más se ve, no es lo que más impresiona. En el interior del local, y bajo candado, guarda un sinfín de tesoros que rodean la cama en la que duerme.

F. M.

Muebles, lámparas, zapatos, discos, raquetas, juguetes, un aparador con cristalería que no desluciría en ninguna cafetería de la ciudad y alguna que otra antigüedad, todo escrupulosamente ordenado y sumado a un buen montón de chatarra, abarrotan este almacén convertido en excéntrico museo del reciclaje lleno de atrezo: «Lo saco todo de los contenedores. Este macetero lo encontré anoche -dice señalando un recipiente todavía sin plantas-, y yo los reciclo. No gasto un duro. Ni en comida, que te la dan en los supermercados porque la van a tirar. Y el agua, tengo unas garrafas grandes que voy todos los días a llenar a las fuentes, y así me sirve también de ejercicio», explica José Antonio, que cuenta el motivo de su falta de ingresos: «Me faltan diez meses de cotización para cobrar una pensión de seiscientos y pico euros. Pero es que en mis últimos años activo era autónomo y ya me negué a seguir ingresando nada, porque me han engañado mucho».

Ha acondicionado en la medida de sus posibilidades este frío trastero, pintado sus paredes de azul y blanco, limpiando las ventanas e incluso puliendo el suelo de cemento. Y decorando todo con sus plantas, claro: «No lo hago para que me digan piropos. Que agradezco cuando la gente se para y saluda, pero si tengo esto así es por mi propia satisfacción y comodidad». De cualquier manera, lo cierto es que los paseantes habituales de Santa Margarita se paran para ver el coqueto rincón en que se ha convertido esta esquina olvidada del parque.

F. M.

No es la primera vez que José Antonio fija su residencia en este desván del Palacio de la Ópera. Cuenta que ya estuvo hace un tiempo y que al final «me barrieron. Pero ahora me dejan estar, y yo encantado y agradecido», asegura. En el Ayuntamiento son conscientes de su situación. De hecho, en Servizos Sociais llevan tiempo estudiando el caso y trabajando para proporcionarle una alternativa de alojamiento que no implique una residencia irregular en un edificio público concesionado, como es el caso del Palacio de la Ópera.

Por su parte, José Ramón lo tiene claro: «Mientras me dejen estar aquí, estoy. Y muy agradecido a quien corresponda. Pero si me tengo que ir, pues meto todo en un contenedor y me voy y punto».