Casa Claudio 1889-1998

Miguel Ángel San Martín publica un libro que recoge la historia de la emblemática cadena de supermercados y tiendas de alimentación fundada por su abuelo a finales del siglo XIX en Santa Catalina


Miguel Ángel San Martín acaba de publicar el libro Casa Claudio 1889-1998. La crónica comienza con el fundador Claudio San Martín Alonso nacido en 1865 en el pueblo maragato de Santa Catalina de Somoza, un hombre inquieto y sin duda con una gran inteligencia natural.

Debió de darse cuenta, muy joven, que las casas importantes con portalones de arco de medio punto de su ayuntamiento, Castrillo de los Polvazares, eran «las casas arrieras». No duda en cuál debe ser su primer trabajo y deja las austeridades de Castilla en busca de «corredoiras». Trabajo siempre muy fatigoso, pero, aunque arrieros somos, reconoce A Coruña como el campo propicio para su emprendimiento; por lo que decidió cambiar el campo castellano por la orilla del mar inmenso. Abrió la primera Casa Claudio a los 24 años en la plaza de Santa Catalina. Hizo de la Coruña la sede de su vida, su universo asentado sobre el trabajo y la honradez.

Le sucede su hijo José, ya profesor mercantil, a través de un traspaso. Pepe era infatigable, honrado, muy reservado y buen administrador. Pasó de ayudar a la pobre gente en los duros momentos del racionamiento de la posguerra a ser pionero, en la apertura de las tiendas de alimentación con autoservicio. Se casó con una mujer inteligente Carmen Pérez, eje de la estructura familiar con fuertes convicciones morales y religiosas y baluarte de la empresa.

Tras la jubilación de su padre, Claudio, su hijo mayor, muy dotado para su actividad profesional, se convierte en el gerente de la empresa, poniendo en marcha el gran desarrollo de los supermercados, llegando a ser, también, presidente de Caixa Galicia, donde fue defensor a ultranza de la fusión de las cajas de ahorro gallegas. Pero, inesperada y dramáticamente, su éxito empresarial lo convirtió en objetivo del grupo terrorista Grapo.

Claudio no fue elegido por la muerte sino por sus asesinos para que muriese. Repleto de idealidad; pero sin dejarse llevar por falsos idealismos, se fue arrebatado por la violencia entre las incontenibles y desconsoladas lágrimas de su entrañable esposa Carmiña, las de sus tres hijas adolescentes, incapaces de encontrar un porqué de su tragedia y las de su, ya anciana, madre Carmen. Cotono, el hermano sacerdote, se encargó de aliviar el dolor desde la creencia religiosa, incitando a la familia a arrinconar el sentimiento de odio y seguir caminando por la vida con un héroe de la mano.

Miguel Ángel, el pequeño de los hermanos, tiene que hacerse cargo de una gran compañía familiar. El nuevo gerente es riguroso en los niveles de inversión y endeudamiento, por lo que consigue un muy importante nivel de expansión en Galicia. Pero, no se deja embaucar por el éxito. Recuerda a su madre que acaba de dejarles y reflexiona sobre la competencia que tienen que sufrir de los centros comerciales y las nuevas cadenas de alimentación, lo que le lleva a estudiar las alternativas con futuro.

La disyuntiva está en crecer con la compra de establecimientos de la competencia o la venta de la empresa. Tras mucho tiempo de consultas técnicas y el criterio de la familia se deciden por la venta al buen vecino, la familia Tojeiro, dueña de Gadisa. Con ello evitaban, en buena medida, la entrada de otras empresas ajenas a Galicia. Ya han pasado más de veinte años y desde esa atalaya del tiempo es bueno recordar; a través de un muy elaborado libro, a tres generaciones de mercaderes esforzados y generosos.

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