Lo esencial no debería ser invisible

Antía Díaz Leal
Antía Díaz Leal CRÓNICAS CORUÑESAS

A CORUÑA

CESAR QUIAN

La incertidumbre de los trabajadores de la hostelería tiene nombre

11 nov 2020 . Actualizado a las 05:00 h.

La incertidumbre de los trabajadores de la hostelería tiene nombre. En mi casa, para ser más precisos, el de mi pollo (o piollo, me dice una lectora) pegadizo. Pollo o piollo, como tantos otros se ha vuelto a casa sin saber si esto durará un mes o durará más. Los y las consortes del gremio, que nos quejamos cada día de la incompatibilidad horaria cuando compartes tu vida con un camarero, un cocinero... volvemos a una anormalidad que se parecerá a la normalidad de las parejas previa al bicho. Esa en la que podías comer o cenar en familia, o hacer planes de fin de semana, o no hacerte ni caso, o lo que sea que hacen las parejas que no son como nosotros.

Con la vuelta del verano, sin vacaciones para muchos de ellos, la nueva normalidad que nos vendieron se convirtió en la rutina de siempre. Y ahora ya ni sabemos qué palabra usar para explicar en qué fase de nuestra vida estamos.

La semana pasada nos dedicamos a responder, DOG en mano, a la pregunta de qué es esencial y qué no. Los boletines oficiales no conocen el «depende», solo los anexos y la desolación que dejan detrás, a años luz de Saint-Exupéry. Cada vez que piso la calle, me pregunto qué harán las camareras de abajo y los de enfrente. Si ellos tienen tanta suerte como nosotros, a pesar de todo, o si el miedo que se cuela de vez en cuando en los ojos de mi propio pollo crece también en los suyos.

Hablamos tanto de los que incumplen, criticamos en voz tan alta, que nos olvidamos de contar la tensión que muchos trabajadores del gremio han vivido estos meses, discutiendo con clientes alérgicos a la mascarilla, la distancia y las normas. Ellos están en casa. Los que han cumplido a rajatabla. Para nosotros sí son esenciales, vaya si lo son. Y en la calle ha vuelto el silencio.