El 092 blinda Méndez Núñez frente al botellón, prohibido desde ayer

Sin jóvenes en los jardines, un pequeño grupo se trasladó con la bebida a la plaza de Vigo


A Coruña / la voz

Los jardines recibieron ayer la misma terapia que en su día se aplicó en la plaza del Humor para acabar con el botellón: carteles indicando que la zona está protegida -desde ayer el parque está catalogado como zona de especial protección- y policía para disuadir, que no multar, a los que allí se acercaran de seguir adelante. La acción hizo que la imagen este viernes fuese la de un espacio verde totalmente limpio y transitable.

De hecho, desde las diez y media de la noche los agentes empezaron a cerrar los accesos con precinto policial. En un primer momento un número discreto de efectivos se desplegó por el perímetro, pero después llegaron a coincidir hasta cinco coches patrulla. La instrucción no era multar, sino avisar.

La otra orden era impedir que el cierre de Méndez Núñez diera pie a la organización de «micro botellones» en otros lugares improvisados por las pandillas que tenían planes en el parque y se lo encontraron cerrado.

Había policía desde la rosaleda hasta el Colón. Tampoco tuvo que desplegar un trabajo muy intenso. La climatología era buena y propicia para que los habituales del botellón se pasarán por allí en el volumen habitual, pero a primera hora no se pudo ver a jóvenes por la zona. Muchos ya estaban avisados desde días atrás de que Méndez Núñez pasaba a ser una zona prohibida y decidieron no arriesgar. A última hora del jueves el jardín permanecía intacto, y la policía, que realizaba la vigilancia por turnos, esperaba que la noche rematara de la misma manera, algo muy poco habitual desde hace años, salvo que grandes borrascas disuadieran a los participantes. Aún así, a veces también los había.

«Si cierran los jardines la gente buscará otro sitio porque no se puede salir por A Coruña sin hacer botellón. Ocho euros por un cubata no lo paga ni Dios»

El dispositivo contó con patrullas móviles que vigilaron algunos lugares a los que los jóvenes podrían desplazarse. Hay preocupación, sobre todo, por lo que pueda pasar en la plaza de Vigo y en el paseo de los Puentes, lugares propicios para esas concentraciones y donde el Ayuntamiento no piensa permitirlas. El temor era fundado anoche en la plaza de Vigo se pudo ver a un grupo de 15 personas con bebidas, pero también allí llegó la policía. Hubo además vigilancia en el entorno de los jardines, en la Marina y el Parrote, los bajos de Palexco y la calle Orzán y sus adyacentes, donde los vecinos están especialmente preocupados por la posibilidad de que arraigue allí el botellón. Unos jóvenes indicaron este viernes a Radio Voz que «en la plaza de Vigo había siete u ocho personas haciendo botellón» pero también algunas en la plaza de Lugo. Además, añadieron que «si cierran los jardines la gente buscará otro sitio porque no se puede salir por A Coruña sin hacer botellón. Ocho euros por un cubata no lo paga ni Dios». 

El concejal Jose Manuel Lage Tuñas también se quiso acercar a primera hora de este viernes hasta el lugar para comprobar el estado de los jardines. Afirmó para Radio Voz que «la Policía Local no registró ninguna incidencia. Hay que destacar el comportamiento ejemplar de la juventud que acompañaron la decisión del gobierno local».

Mañana, aunque con algo de viento, se prevé una noche con elevadas temperaturas -mínimas de 15 grados- y sin lluvias, por lo que los agentes no bajarán la alerta y mantendrán la vigilancia.

Un problema que se fue trasladando de un sitio a otro por la presión vecinal

En su siglo largo de historia los jardines de Méndez Núñez nunca habían visto un peligro tan claro para su supervivencia como el que apareció espontáneamente allí una noche del 2008 y se quedó para no marcharse.

Entonces recaló allí el botellón, una reunión nocturna que no tendría mayor importancia para la vida del parque si no fuera por los daños reiterados que allí se producen. El Ayuntamiento retira 400 toneladas de basura de todo tipo cada año y dedica 1.500 horas de trabajo de operarios cada doce meses a restablecer cierta normalidad en la zona, que amanece los fines de semana plagada de bolsas, cristales rotos y otros restos orgánicos.

El botellón llegó allí cuando los vecinos de la plaza del Humor y de la Ciudad Vieja, sobre todo de Azcárraga, no pudieron más. Noches y más noches sin dormir más las botellas y la suciedad por las mañanas colmaron la paciencia de muchos residentes. El Ayuntamiento acabó actuando y declaró esas áreas zonas de especial protección, en las que se prohibían las concentraciones molestas entre las diez de la noche y las ocho de la mañana. Esa declaración y la presión policial acabaron con las reuniones. Lo mismo se hizo, aunque con menos éxito, en la Cormelana y su entorno.

Los jóvenes acabaron marchándose, pero no a casa, sino a Méndez Núñez. Desde el 2008 nadie tomó medidas, hasta ahora. Se acabaron las quejas de los vecinos que no podían dormir. El parque, sin embargo, comenzó un proceso de deterioro al que ahora el actual gobierno local quiere poner freno.

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