¿A Santiago? ¡No hay pérdida!


A CORUÑA

Como estudié cuatro años en las venerables aulas de Compostela, nunca me planteé la idea de hacer el Camino. ¿Qué sentido tendría alejarse mil kilómetros para volver andando a Santiago? Por aquel entonces la única ruta jacobea que me interesaba era la que pasaba por el Galo D’Ouro, la Casa das Crechas, el Fuco, el Modus Vivendi, el Paraíso Perdido, la Borriquita y algún otro local de cuyo nombre no puedo (o no quiero) acordarme.

Ahora que se aproxima otro Año Santo, otro Xacobeo a todo plan, se multiplican los itinerarios para llegar a pie, en bici o a caballo hasta la Quintana. De A Coruña sale, como se sabe, el Camino Inglés, que parte del atrio de la iglesia de Santiago -la más hermosa de la ciudad- y luego sigue por la Marina adelante hacia la N-550.

El problema es que si uno suelta a un peregrino elegido al azar en la plaza de Azcárraga -pongamos que es británico, para redondear la apuesta-, se encontrará, tras el ábside de la parroquia de Santiago, con un mojón oficial que, bajo la vieira xacobea, indica que estamos a 72,804 kilómetros de Compostela. Perfecto. Lo que despistará ligeramente al pálido nativo del Reino Unido es que entre la concha y el punto kilométrico hay una flecha amarilla que apunta en dirección contraria al Camino. En lugar de enviar al peregrino cuesta abajo por la calle Santiago todo recto hacia el Obradoiro, la señal lo manda de cabeza al interior de la Ciudad Vieja.

¿Error? ¿Broma? ¿Venganza? Yo, como afortunadamente soy ingenuo, no creo en conspiranoias y me parece que es un simple despiste. Un despiste feliz, que pondrá muy contento al caminante inglés. Porque, en vez de despacharlo a despellejarse los pies en la ruta jacobea, lo remite a un itinerario tal vez no tan espiritual, pero sí espirituoso. En lugar de jugarse el tipo bajo la lluvia, esquivando coches y ampollas en las cunetas de la carretera nacional, nuestro peregrino se adentrará en un Camino que lo llevará, de bar en bar, al Bajo de Amalia, el Sporting Ciudad, La Gata, A Vella, La Terraza, La Jarra Melada (Virtudes), el Concord, el Sauce, el Moreta, Os Arcos, La Leonesa, A Boca do Lobo, el Momos, el San Francisco, La Faisana (antiguo Garufa), el Deportivo Ciudad y el Nuevo Celestino.

Después de completar este paseo, nuestro querido inglés se detendrá a saludar a sir John Moore en el jardín de San Carlos y luego, bajará cuidadosamente las escaleras que hay en el paseo, frente a la Solana, para darse un chapuzón reparador en las cristalinas aguas de nuestro puerto. Nadará hasta el castillo de San Antón. Trepará por las rocas a la antigua casa del botero y, con la mente ya despejada por el frescor del Atlántico, descubrirá que la flecha tenía razón. Y que, de haber señalado correctamente el Camino, se habría perdido toda la hermosura que contempla.

Por Luís Pousa Coruñesas

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