¿Hemos normalizado lo anormal?

Antía Díaz Leal
Antía Díaz Leal CRÓNICAS CORUÑESAS

A CORUÑA

EMILIANO MOUZO

Madrugar tiene la ventaja de descubrir una ciudad dormida cada mañana. Excepto en días de fiesta, claro. Como ayer. Ya en el primer vistazo por la mañana, noche cerrada, se percibe más tráfico, más voces, un trasiego extrañísimo de gente hasta que el primer café hace efecto y caes en que es martes de carnaval. Y entonces, en el segundo vistazo, descubres los disfraces. Y pisas la calle y ves que están los taxis que no paran, y que las hamburgueserías de mañaneo están abiertas. Todo normal, dentro de lo poco habitual de vivir un arranque de día más concurrido.

Lo anormal llega luego convertido en costumbre. Tendríamos que preguntarnos, como ciudad, en qué momento decidimos que una anormalidad era algo inevitable. Que tener a los operarios de limpieza recogiendo 1,5 toneladas de basura en los jardines de Méndez Núñez no es una barbaridad. Porque eso es lo que son quienes dejan la zona hecha un asco: unos bárbaros. ¿Somos unos puretas quienes protestamos? Pues deberíamos estar encantados de serlo. Y quien sienta que es un exceso llamar bárbaros a quienes son capaces de acumular 1,5 toneladas de basura, que todos hemos sido jóvenes, y todos esos argumentos que normalizan lo anormal, que intente visualizar unos ocho contenedores repletos de desperdicios. Que han llenado los trabajadores, claro, porque los bárbaros (insisto) que pasaron la noche en los jardines no dejan los restos de la batalla en la papelera. Eso que lo hagan otros.

Y otra de puretas. La segunda. Mucho más grave. Los que han dejado los jardines hechos unos zorros son unos críos. Y no estaban comiendo pipas. Estaban consumiendo alcohol. Si tienen hijos e hijas preadolescentes, sabrán que con 12 años, más o menos, el pediatra les preguntará si fuman o beben. Y harán como tantos otros padres y madres y se adelantarán a contestar por ellos con un «no, por supuesto». ¿Es o no es una anormalidad que el médico tenga que preguntar a una niña, a un niño de 12 años, si fuma o bebe?

El botellón de Méndez Núñez o de esos nuevos refugios, como la calle Vista, no es (solo) un problema de orden público. Es un problema de salud, que debería tenernos a todos con la alerta encendida. La última encuesta realizada a estudiantes de secundaria por el Ministerio de Sanidad, en el curso 2016-2017, recoge que el 67 % de los chavales entre 14 y 18 años han bebido en el último mes. Casi siete de cada diez críos. La próxima vez que nos adelantemos al niño antes de contestar al pediatra igual tenemos que cerrar la boca. Y el próximo festivo con ocho contenedores de basura repletos en Méndez Núñez, a lo mejor tenemos que sentarnos y hablar. Porque igual todos tenemos un poco de bárbaros.