El hombre del traje gris nos muestra el piso. Los ojos sobrevuelan una escalera poco iluminada. La entrada no presagia nada bueno. Preguntamos por el precio de la comunidad. En el anuncio decían que el garaje se vendía aparte. El agente enseña el baño mientras destaca los espaciosos armarios empotrados que tenía la última habitación. Nos dice que es una opción ideal para invertir. Al salir, nos vuelve a comentar que no tiene ascensor, pero que los vecinos tienen pensado instalarlo con unas ayudas.
Una vez en la calle, me siento aturdido con tanta información. Aquel jardín enfrente del edificio me relaja. El piso no me ha gustado. Además, el supermercado está lejos. Sin embargo, el entorno es agradable. Me viene a la cabeza si el precio de este piso, y de los muchos que he visitado, se corresponde con su verdadero valor. Me entran dudas ¿Estaré confundiendo precio con valor? Muy probablemente sí. Aunque los métodos de valoración inmobiliaria se visten de rigurosos, pronto dejan de serlo cuando se les acerca la lupa. La compraventa de vivienda se puede deber a muchos motivos. Todos son lícitos, pero algunos son más propensos a generar aumentos irracionales de precios que otros.
La vivienda tiene un fin muy prosaico. Tan sencillo como que las cuevas o los árboles han servido para ello desde siempre. A partir de ahí, la complejidad va en aumento. Primero, haciéndonos la vida más confortable con ascensor, garaje, calefacción, y un largo etcétera. Sin embargo, después aparece otro tipo de características, más difíciles de cuantificar: una fuente con pajaritos, unos amaneceres de ensueño, unos vecinos famosos, unos árboles centenarios, y hasta donde la imaginación nos lleve. Nuestra cabeza está desbordada con tantos deseos que el precio formado por un conjunto de características cuantificables ha perdido su sentido por completo.
En todo este barullo de deseos, características, bancos, caseros, compradores y agentes inmobiliarios está un negocio que genera dinero. Y a quien vive de él le interesa calentar ese complejo caldo llamado mercado. Pero si se calienta demasiado casi nadie podrá tomarlo y adquirirá un sabor que gustará solo a un segmento muy determinado ¿Y si deja de gustarle?