Ya es primavera en las Bárbaras


No se llama las Bárbaras, sino plaza de Santa Bárbara, y las monjas que viven detrás del torno tampoco son bárbaras, sino clarisas, aunque el monasterio sí es de Santa Bárbara. Pero a quién le importa eso. ¿A un funcionario con manguitos de Kafka? Aquí todos decimos las Bárbaras y punto. El caso es que, además de en El Corte Inglés y en el almanaque municipal, ya es primavera en las Bárbaras. A los castaños de Indias ya le han brotado las primeras hojas del año -e incluso algunas flores- y la plaza ya es otra. Porque esta plaza es su silencio y su sombra. Ya dijimos aquí que es el mejor refugio para sobrevivir al verano coruñés, que a algunos les parecerá muy mustio, pero a los rostros pálidos ya nos llegan de largo los 25 grados.

Al negrillo de las Bárbaras aún no le han salido las hojas y sigue pelado como si todavía fuese invierno. Debe de ser por alguna cosa de la biología, de la botánica, habrá que preguntarle al catedrático Javier Guitián, que lo sabe todo de plantas y árboles y en ocasiones hasta ve grelos.

Los negrillos del jardín de San Carlos, en cambio, ya empiezan a tener sus brotes verdes -esos que ven o fuman, yo ya no sé, a todas horas los miembros del ilustre Gobierno de la nación-. Será porque ya los baña el sol timiducho de abril. O será porque abril es el mes más cruel -lo dijo T. S. Eliot: es el mes más cruel porque brotan lilas de la tierra muerta- y necesitamos la sombra de estos olmos centenarios sobre el túmulo de sir John Moore.

Lo único que echamos en falta en esta primavera de las Bárbaras o San Carlos es el canto del cuco, porque ya contó aquí Xavi Fonseca que este año el cuco venía con retraso. Mi amigo Paco Sánchez, que es un poco de Monte Alto y otro poco de Teixeiro, me recordaba un día lo importante que era, de niño en Teixeiro, escuchar el primer canto del cuco, algo de lo que los críos que jugábamos entre el asfalto y el descampado no teníamos -ni tenemos- ni idea. Por eso lo que más me gustaría del mundo es escuchar al cuco en las Bárbaras o en el jardín de San Carlos, justo donde de noche se sienta el fantasma de lady Stanhope a hablar con sir John Moore. Y poder oírlo un buen rato e incluso, ya puestos, cumplir el sueño de Álvaro Cunqueiro, que como director de periódico nunca se perdonó no poder titular en primera página con la llegada del canto del cuco. Y en esas seguimos, titulando con Siria o Cataluña y pasando mucho del cuco, que es lo que nos debería importar sobre todas las cosas a estas alturas del año.

Habrá que conformarse con subirse al cruceiro de las Bárbaras, justo al tercer escalón, cerrar los ojos y escuchar el murmullo del follaje de los castaños de Indias. Que no es poco.

Por Luís Pousa Coruñesas

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