Al compás del chacachá del tren

Antía Díaz Leal
Antía Díaz Leal CRÓNICAS CORUÑESAS

A CORUÑA

ANGEL MANSO

Somos unos quejicas. Siempre con prisas, siempre corriendo. Dale más velocidad, cantaba el otro. Como si no pudiésemos ir con calma, disfrutando del paisaje, de las vistas. Qué manía pidiendo infraestructuras competitivas, trenes del siglo XXI, cuando podemos viajar en vías casi del siglo XIX, como Ana Karenina, como Xosé Afonso cuando cantaba el comboio descendente de Pessoa. De la estación de San Cristóbal a Ferrol se viaja con calma chicha, al compás del chacachá, del chacachá del tren. En Semana Santa, con la estación bien activa en el resto de los andenes, en mi vagón cuento seis personas, y casi parece un récord (hemos viajado dos en un fin de semana cualquiera).

Marcos e Inés se acercan a saludarme. Los críos llevan todo el viaje jugando a encontrar una vaca, un caballo, una tienda de campaña. Si no, la hora y cuarto de recorrido se puede hacer eterna. ¿Hora y cuarto? Pues no es el viaje más largo... La cosa se puede poner en 1 hora y 28 minutos si el que cogemos es el Trenhotel, que además nos deja el chiste en 15,40 euros por hacer el mismo viaje que en otro horario nos cuesta 6,10.

Entre A Coruña y Ferrol hay 52,6 kilómetros por carretera, y por la AP-9 el viaje dura unos 45 minutos. Es la ciudad más cercana a A Coruña..., al menos geográficamente. Porque Ourense está a 174 kilómetros y el tren más rápido llega en 1 hora y 6 minutos. De Vigo nos separan 158 kilómetros, que solventamos vía Renfe en 1 hora y 20 minutos. Casi más dolorosa es la comparación con Santiago: solo 27 minutos nos separan en tren, y eso que por carretera hay 23 kilómetros más que a Ferrol. Por no hablar de las frecuencias: hoy mismo hay seis trenes a Ferrol, 12 a Ourense, 16 a Vigo y 25 a Santiago. Solo se puede comparar el tren a Ferrol con el que va a Lugo. Seis frecuencias también este miércoles y como mínimo una hora y 27 minutos.

La culpa de todo la tiene Betanzos, me dice una pasajera habitual. Aparte del desinterés patológico de las sucesivas Administraciones que pasan del tema, añado yo. Pero es cierto: con perdón para los betanceiros, que no tienen culpa de nada, la parada de Betanzos Infesta roza el absurdo. El maquinista que coge sus bártulos y sale de la cabina para cruzar el tren y tomar los mandos del otro lado. Cambio de sentido e Inés que dice que se marea a contra marcha. Ella y Marcos han localizado varias vacas, alguna oveja, un par de caballos y una caravana, que al parecer aceptan como tienda de campaña.

Y mientras, o tren vai andando pasiño a pasiño, como el de Andrés do Barro pero sin beira do Miño y sin gracia. Porque sí, somos quejicas y no, este tren no es de recibo.