«Solo quiero vivir aquí con mi mujer y mi bebé»

Un propietario del edificio okupado en Alfonso IX fue amenazado por uno de los que residen en él y ha tenido que tapiar puertas y ventanas a la espera de que desalojen todo el inmueble


A Coruña / La Voz

La historia de la okupación del número 5 de la calle Alfonso IX es la de tantos otros inmuebles heredados. Un edificio que pasa de una generación a otra y permanece deshabitado. Sus cuatro viviendas eran propiedad de tres hermanos, dos de los cuales decidieron vender el segundo y el tercer piso a una persona con residencia en Madrid. El otro, que heredó el bajo y el primero, tenía planes diferentes.

Fernando acababa de regresar a Galicia y quería mudarse con su mujer y su hija recién nacida a la vieja residencia familiar. Fue entonces cuando se encontró que el bajo del edificio estaba okupado. «Entraron por una de las ventanas y se atrincheraron ahí. Yo me enteré por la prensa y contraté a un abogado para que pusiese en marcha los trámites para desalojarlos», afirma.

Fue a comienzos de este mes cuando, tras casi un año de okupación, la policía pidió, orden en mano, a las personas que se encontraban en el bajo que abandonasen el edificio. «No llegaron a entrar también en el primero porque desde que me enteré estuve a diario vigilando», señala Fernando.

Ese día, fue el propio dueño de las viviendas quien tuvo que sacar las pertenencias de los okupas. Uno de ellos, «el cabecilla», comenzó a insultar y a amenazar a Fernando. «Es una persona violenta. Creo que algún vecino ha llegado a denunciarlo», señala. Una vez desalojado el edificio, decidió tapiar las puertas y ventanas de sus viviendas hasta poder garantizar la habitabilidad del inmueble. «En un descanso que hicimos para comer intentaron entrar en el primero», cuenta Fernando.

No lo consiguieron y fue entonces cuando decidieron allanar las otras dos viviendas del edificio. «Los que tenía en el bajo entraron en el segundo y ahí siguen, mientras que los del tercero son otros», señala Fernando.

Sin rastro del otro propietario

Tras estos hechos, trató de ponerse en contacto con la persona que había adquirido a sus hermanos los dos pisos superiores. «Le envié correos para advertirle de lo que estaba pasando en sus viviendas, pero nunca me respondió», dice Fernando.

Ante esta situación, él ve «inviable» entrar a vivir en sus propiedades. «Tendría que realizar una inspección técnica del edificio, hacer reformas en las viviendas para poder habitarlas y pensar en formar un dúplex... Con los okupas dentro, no veo posible hacer nada de eso. Quién me garantiza que no tratan de entrar de nuevo en mis casas», lamenta Fernando.

«Ahora mismo tengo que pagar un alquiler por otro piso teniendo dos aquí que no puedo utilizar. Es absurdo», lamenta. Además, Fernando también ha tenido que correr con los gastos del abogado y los trabajos para cerrar sus inmuebles. «Es incomprensible. Yo pago mis impuestos y ellos no. Tienen casa a mi costa mientras yo solo quiero vivir aquí con mi mujer y mi bebé», dice.

Decepcionado con la Justicia

Fernando se siente profundamente defraudado con el sistema judicial en este tipo de casos: «Las leyes españolas dan la impresión de que están hechas a medida para estas personas. No se aplican sanciones ejemplares. Aunque hoy los echen de aquí, encontrarán otro lugar donde estar y podrán permanecer en él durante meses», afirma.

Por otro lado, el propietario, pese a no ser el responsable, lamenta las molestias causadas por los okupas en el barrio: «Siento lo que puedan estar padeciendo otros».

Los vecinos relacionan a los okupas con los toxicómanos que hay tras María Pita

Ni Fernando ni ninguno de los vecinos consultados sabe concretar un número exacto de okupas que hay en el número 5 de Alfonso IX. Sin embargo, saben a qué se dedican cuando no están en el edificio. «Se pasan el día pidiendo en el mercado de San Agustín y también frecuentan el parque que hay detrás del Ayuntamiento. Son esas personas que se drogan allí. Aquí también se han encontrado jeringuillas», señala un residente. Otro vecino admite haber visto entrar en el edificio a los okupas «con bolsas del mercado». También señalan que hace tiempo frecuentaban la plaza de Azcárraga, más próxima que el parque tras María Pita, para consumir heroína, pero la insistencia de los hosteleros propició que dejasen de ir.

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