El atasco de Melchor, Gaspar y Baltasar


Como planteamiento general no parece mala idea llevar a los barrios de la ciudad la cabalgata de Reyes para que sus vecinos se sientan protagonistas y disfruten de ella. Y digo en general porque no sé si tendría mucho sentido trasladarla a la Zapateira, por ejemplo, donde son tan coruñeses como los demás.

Pero si se apuesta por la descentralización, parece imprescindible hacerlo realmente bien, porque las posibilidades de que el asunto se tuerza son altas. Y así sucedió el jueves, cuando buena parte de los cien mil coruñeses que acudieron a recibir a los monarcas (con la excepción lógica de los residentes en Monte Alto) manifestaron su malestar por la manera en que estaba organizado el desfile.

Cuando metes las carrozas por el medio de un barrio, probablemente tengas que reducir el porte de los vehículos para no comerte los cables de la luz. El problema es que, después, al llegar a los Cantones y a la Marina, esas carrozas se ven raquíticas, muy bajas. De hecho, muchos niños se quedaron sin saludar a los Reyes a pesar de los esfuerzos de sus padres por subirlos a hombros. A partir de la cuarta o quinta fila era misión imposible, pero es que, además, había tanta gente allí metida que lo normal era estar en la fila quince o en la veinte. Con suerte.

La impresión general es que la cabalgata discurrió razonablemente bien por Monte Alto, pero todo se complicó al llegar al centro. En San Andrés y en Santa Catalina no se cabía en las aceras, aunque los mayores problemas se produjeron durante el giro desde el Banco Pastor hacia el Cantón Grande. Allí se vivieron momentos de desconcierto porque nadie sabía con exactitud por qué lado avanzaría, así que el público, cuando fue consciente que quedaba muy lejos de los vehículos, se desplazó en masa hacia el carril adecuado. En ese momento hubo padres que perdieron el control sobre sus hijos, y algún que otro llanto de niños que se asustaron un poco. Por suerte, no pasó nada, pero sí dio la sensación de que la cabalgata no estaba bien planteada.

El problema se minimizaba en años anteriores porque la caravana ya venía en línea recta desde la Palloza y el público veía llegar las carrozas y podía ir corrigiendo con tranquilidad su ubicación.

Abrirse a los barrios puede ser una idea interesante, pero renunciar al centro tiene poco sentido. Con el itinerario tradicional muchos coruñeses acudían a ver a los Reyes a la estación, a la Palloza, a Linares Rivas... Y la mayoría ya no seguía hacia el centro, que quedaba más aliviado. El pasado jueves, buena parte de esos cien mil coruñeses estaban concentrados en un tramo muy pequeño para tratar de ver unas carrozas que se veían mal... cuando no quedaban atascadas en Puerta Real.

Por Alfonso Andrade coruñesas

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