La utopía social del Fórum Metropolitano

Javier Becerra
Javier Becerra CRÓNICAS CORUÑESAS

A CORUÑA

07 oct 2016 . Actualizado a las 14:02 h.

Hay días en los que tu ciudad te da ganas de llorar. Por citar temas tratados por aquí recientemente, recordemos el estercolero semanal de los jardines de Méndez Núñez: en modo botellón, socialmente tolerado como algo normal. O los párking exprés oficiosos que son las paradas de buses: desprecio al usuario del transporte público (especialmente al impedido físicamente) ante la pasividad del gobierno local. Pero otros días, uno se siente reconfortado, con la sensación de vivir en una urbe racional, ordenada y civilizada, cerca de esa utopía escandinava que todos tenemos en mente.

Entrada del Forum Metropolitano
Entrada del Forum Metropolitano

Para sentir eso, les invito a un lugar: el Fórum Metropolitano. Allí uno puede sacar una fotografía de una sociedad casi perfecta. Hay jóvenes, hay ancianos, hay personas de mediana edad y hay niños. Hay cultura, hay ocio, hay esparcimiento y hay un lugar para pasar la tarde sin más. Hay música, hay silencio, hay atención y hay la sensación de que allí todo el mundo tiene un lugar. Hay cómics, hay películas, hay información y hay cosas valiosas a las que se puede acceder de manera gratuita o casi gratuita. Pero, sobre todo, hay una sensación de armonía muy especial, de gente muy diferente formando parte de un puzle de personas que encajan sin esfuerzo, sin choques, sin problemas.

Uno, que pasó muchas horas allí en la época de estudiante, lo podía ver a diario. Las clases de baile de jubilosos jubilados disfrutando de su vejez, los cursos de alfabetización digital en los que se le enseñaba a la gente a encender un ordenador y las tardes de partidas de tute cerca de la calefacción. También los campamentos urbanos de niños con sus gorras de colores, los cuentacuentos de la bebeteca y las sesiones de teatro familiar con los pequeños subiéndose al escenario. Y, por supuesto, el acceso a Internet para todos cuando aún costaba una pasta tenerlo en casa, la posibilidad de una sala para echar una partida de rol entre varios amigos o esos míticos sofás en los que se devoraron viñetas y viñetas de su impagable archivo de tebeos.

Ahí, contemplándolo tras el cristal de la biblioteca, uno se quedaba maravillado siendo partícipe de todo aquello. Sí, porque los usuarios del Fórum Metropolitano lo sienten como algo propio, no del Ayuntamiento. Unos como una extensión del salón de su casa para charlar de política. Otros como un patio para darle la merienda a los niños por la tarde. También los hay que lo conciben como un sitio para acudir solo, empapándose de ese ambiente informal, cultural y relajante que tan bien sienta. Todos saben que la ciudad es mejor desde que ese centro pionero abrió las puertas en 1995. Día a día, la lleva más cerca de la imagen idílica del sitio en el que nos gustaría vivir y educar a nuestros hijos. Aquí se han hecho las cosas bien. Requetebién.