Con la aprobación del nuevo Pepri somos muchos los que nos gustaría confiar en que los tiempos en que la ciudad dio la espalda a la conservación, protección y cuidado de su patrimonio ya son cosa del pasado. Aunque no conviene relajarse, ya que los comportamientos derivados de tantos años de insensibilidad ante la ciudad no pasan de largo con la redacción de un nuevo plan. Este ha de ser gestionado con rigor e ideas claras.
El Pepri se ha de convertir en una de las herramientas para la tan necesaria rehabilitación y regeneración urbana de la Pescadería y de la Ciudad Vieja. Dos zonas con estructura y tipología urbana bien diferenciadas entre sí, y con la salvedad de que solo la «Ciudad» tiene la calificación de Bien de Interés Cultural, lo que le dota de normas de acción más claras, mejor delimitadas. Es por tanto en Pescadería donde hemos de estar más atentos, ya que es la más sensible, la que corre más riesgo de sufrir alteraciones tanto en su fisonomía como en su estructura urbana.
Quiero ver en la Pescadería una oportunidad en la que desarrollar experiencias de regeneración y rehabilitación urbana que puedan convertirla en modelo de actuación en la consecución de una calidad urbana de primer orden. Para ello debe haber una suma de esfuerzos y voluntades desde los ámbitos público y privado. Ser un espacio de acción y colaboración entre propietarios, promotores, administración y usuarios que permita la distribución equitativa de los beneficios derivados de la creación de ciudad. Con dirección de la oficina de rehabilitación municipal, respaldada por Patrimonio y el resto de las administraciones, incluida la Universidad -que debería jugar un papel activo-, se debería desarrollar un plan director que asegure la consolidación de su morfología a la par que dotar de las infraestructuras, servicios y calidades propias de una ciudad del siglo XXI.
Hace poco recordaba a Emerson, quien al inicio de la república norteamericana decía que había que apoyar al partido de la esperanza frente al de la memoria. Pero hoy los tiempos han cambiado y nos reclaman apoyar al partido de la memoria, de nuestro pasado e historia, de nuestro patrimonio, ya que este se ha convertido en el único y verdadero partido de la esperanza de nuestras ciudades. No nos queda otra.