Diez historias del 092

Xosé Vázquez Gago
XOSÉ V. GAGO A CORUÑA / LA VOZ

A CORUÑA

Desde una vecina que fue a por pan con 15.000 euros a una pareja que cayó al mar

26 jul 2014 . Actualizado a las 20:31 h.

Entre los claveles y jazmines del Barrio de las Flores volvió a caminar aquella mañana del 6 de abril Marisa con su bolsa de supermercado llena de billetes. La vio Marcelo desde detrás del mostrador de la farmacia, y temeroso de que alguien se aprovechase de la fragilidad de las manos y la mente de la casi centenaria vecina para quitarle sus dineros, llamó al 092.

Dos policías la encontraron aún bolsa en mano y la acompañaron a casa. Ante la puerta ella les explicó que el día antes le cambiaron la cerradura, y que la puerta solo se abría cuando metía la llave otra persona. Entonces le preguntaron: «¿Cuánto dinero lleva en la bolsa?» Y Marisa respondió: «Dos millones y medio. Son para pagar en la panadería».

Ya dentro de la casa los agentes quisieron llamar a un pariente, pero a la excéntrica Marisa no le quedaba familia. Otros compañeros les explicaron por radio que el día anterior ya había intentado ir a por el pan con una bolsa llena de dinero.

Dentro había 15.065 euros que podrían causar más problemas que beneficios a la indefensa señora. Le dejaron algo para gastos y el resto fue depositado en el juzgado de guardia, a la espera de que su señoría decidiese qué convenía más a Marisa del Barrio de las Flores.

Ocurrió en el 2013, como estas otras nueve historias, en las que solo se ha cambiado el nombre de sus protagonistas.

Quemado

Un sueño incendiario. A Khalil, el inmigrante marroquí, lo salvaron los policías del humo que invadía sus pulmones y las llamas que habían lamido su brazo. Oyeron sus gritos entre los silbidos y chasquidos del incendio que se desayunó una casa de la calle Rioja cuando amanecía el 23 de febrero. Le sacaron por la ventana, cuando el edificio abandonado ya quería venirse abajo. Khalil contó a los agentes que el fuego nació de una vela que había encendido, pero le pudo el cansancio y cuando despertó la casa estaba envuelta en llamas.

Rescate

La ventana voladora. A Leonor la rescataron policías de su ventana escapista el 15 de abril. Cuando los agentes llegaron a la calle Rey Abdullah pasada la medianoche, vieron a Leonor asomada a la altura del quinto. Sujetaba la revoltosa cristalera que se había soltado de sus enganches. Los agentes la aseguraron hasta que los bomberos la retiraron con ayuda de la escalera de uno de sus camiones.

Atrapados

Los seis prisioneros. La policía encierra ladrones y libera prisioneros involuntarios. Manuel no podía salir del baño de su casa en la calle Ribeira Sacra el 17 de enero, le sacaron dos policías siguiendo las instrucciones que les dio a través de un ventanuco.

El 21 de febrero sonó la alarma del centro cívico de Monelos. Eran las nueve de la noche, las luces estaban apagadas y se sospechaba de un robo. Pero dentro los agentes solo encontraron a Sergio y Raquel, dos chicos que «estudiaban» en la parte alta de la biblioteca cuando el centro cerró.

La joven Judith se quedó atrapada en un vagón del tren que la trajo de Pontevedra, la rescataron dos policías que lograron abrir una puerta del convoy la noche del 18 de junio.

Cuatro días más tarde, Pilar no podía salir de su casa en la calle Asturias. Un andamio de obra levantado el día anterior bloqueaba la puerta. Los agentes llegaron, vieron y llamaron a los bomberos, que desmontaron parte del armatoste para franquear el paso. También hicieron que la empresa protegiese las barras de metal desnudo, situadas a la altura de la cabeza de los peatones.

Pedro se quedó atrapado por partes, solo una mano, en una máquina expendedora de la ronda de Monte Alto la noche del 27 de noviembre. Dos policías le soltaron, pero el mordisco metálico le costó una visita a la Casa del Mar.

Salvados del mar

Pescadores en peligro. Luisa y Pascual pescaban el 14 de abril en punta Lagarteira cuando un golpe de mar se los llevó. Los auxiliaron unos marineros, y la policía llegó cuando Pascual ya estaba en las rocas. Pero Luisa, herida grave, se debatía para salir del agua ayudada por tres personas. Entre todos la salvaron. Mientras los metían en las ambulancias, Pascual contó a los agentes que uno de los marineros, Constantino, se había tirado al agua para evitar que el mar se llevase a su novia.

Ayuda

Espadas, hachas y alcohol. La noche del 17 de enero, dos policías llegan a la Casa de los Peces. Alguien ha llamado porque hay una pareja ebria, y están tratando de arrancar un Fiat aparcado a 20 metros del borde de las rocas. Los agentes empiezan a hablar con ellos y ella les confiesa que están «pasando un mal momento» y que están dispuestos a «tirarse al mar». Lo intentan. Pero los agentes del 092 les retienen hasta que se calman y más tarde les permiten irse a casa a pie. Antes descubren e intervienen «una empuñadura de espada de Toledo» y un «hacha medieval de 55 centímetros» que estaban dentro del coche.