Misión cumplida. No era un reto imposible regresar al primer intento, de hecho el Dépor ya lo consiguió hace un par de años de la mano de Oltra, pero allá por el mes de julio del 2013 el asunto se antojaba utópico. Del estado de resignación inicial, con una plantilla escasa de recursos y la inacción de una directiva sin credibilidad ni capacidad, se pasó a la esperanza de un grupo competitivo y solidario, más práctico que brillante y enganchado desde el principio.
Solo Eibar y Dépor, precisamente los dos ascendidos de forma directa, han sido capaces de mantenerse en el grupo de cabeza prácticamente desde el inicio. Si mérito tiene el del equipo vasco, capaz del milagro con uno de los modelos más humildes de la categoría, también lo tiene el del Dépor, el de un grupo que ha sido capaz de aislarse de un entorno complicado y el de un técnico que ha creído desde el principio y ha sabido transformar su contagiosa pasión inicial en serenidad, justo cuando la ocasión lo requería. Ayer, por fin, Fernando Vázquez, pudo ser de nuevo él mismo, disfrutar de un éxito que en buena medida le pertenece y recordar que cuando desembarcó en Riazor fue él quien ejerció de vínculo emocional, de pegamento, para una situación que pintaba muy mal. Ayer, Riazor, por fin, disfrutó de una tarde plácida, de un final de trayecto tan justo como necesario. El Dépor vuelve a Primera.