Abordaje en la bahía coruñesa

Xosé Alfeirán

A CORUÑA

En 1907, un vapor de pasajeros procedente de Ferrol chocó con un bou

06 abr 2014 . Actualizado a las 07:00 h.

La ruta tenía sus peligros, pero también era la más rápida. Para ir de A Coruña a Ferrol, o al contrario, lo mejor era, en la primera década del siglo XX, embarcar en alguno de los vapores que hacía la ruta marítima entre ambas ciudades. La travesía duraba unos 45 minutos, aproximadamente, y era realizada por pequeños barcos, con casco de acero, movidos a vapor y fabricados en Inglaterra. Cada uno de ellos podía transportar unas cien personas, además del correo y otras mercancías. Iban y venían varias veces al día, realizando, de vez en cuando, viajes o excursiones extraordinarias con motivo de alguna fiesta o romería de gran popularidad o de algún acontecimiento político o social de relevancia.

Varias empresas competían y realizaban dicho servicio que utilizaron cientos de personas y que solo se interrumpía durante los grandes temporales que agitaban la bahía. Fue un negocio boyante hasta 1916, cuando se suprimió debido a la disminución de los pasajeros provocada por el funcionamiento del ferrocarril.

La Herculina Ferrolana

Uno de los vapores que hacía esta ruta era el Marqués de Amboage. Pertenecía a la sociedad anónima La Herculina Ferrolana creada en 1901 por diversos socios coruñeses y ferrolanos. El Amboage inició sus servicios el 23 de septiembre de 1903, saliendo de Ferrol a la ocho de la mañana y de A Coruña a las cuatro de la tarde. Sus precios oscilaban entre la media peseta, los billetes de tercera, y las dos pesetas, en segunda. Tenía buenas condiciones de navegabilidad, atreviéndose a salir con mar gruesa, y haría la travesía entre ambas ciudades durante trece años.

En la madrugada del viernes 16 de agosto de 1907 el Marqués de Amboage retornaba de Ferrol en uno de sus viajes especiales. Había recogido en A Graña a una gran cantidad de personas que habían ido a pasar el día en la tradicional y popular romería de la Asunción a la que solían acudir numerosos coruñeses.

La noche era cerrada y la travesía transcurría con normalidad. En la cubierta la gente continuaba la diversión, cantando y bailando. A la una de la madrugada y a la altura de la playa de San Amaro, Pepe el ostrero que estaba al timón, lo vio venir. Hizo sonar la sirena, pero todo fue inútil. El encontronazo fue tremendo y el ruido espantoso.

Por la amura de estribor el Marqués de Amboage había sido abordado por el bou Boadicea que salía a faenar. Creyendo que el barco se iba a pique, los pasajeros del vapor fueron presa del pánico. Muchos gritaban desesperados, otros se movieron para lanzarse al agua y unos pocos saltaron ágilmente al Boadicea que en esos momentos iniciales permanecía acodado a popa.

En medio de esa terrible confusión, los llamamientos y gestos de diversos pasajeros, que estaban acostumbrados a navegar, lograron contener y tranquilizar a la gente y evitar que se arrojasen al mar. Reconocida la zona del impacto vieron que solo estaba afectaba la obra muerta y que no había ninguna vía de agua. El Marqués de Amboage reanudó su marcha convoyado por el Boadicea hasta quedar fondeado en el puerto coruñés. Todo quedó en un buen susto.