Duncan Dhu pone en pie al Palacio de la Ópera de A Coruña

Javier Becerra
Javier Becerra A CORUÑA / LA VOZ

A CORUÑA

MARCOS MÍGUEZ

El públio terminó bailando por los pasillos «Jardín de rosas» en un recital emotivo

04 ene 2014 . Actualizado a las 14:05 h.

El Palacio de la Ópera de A Coruña perdió la compostura por una noche. La culpa la tuvo Duncan Dhu, que revolvieron los recuerdos de cientos de personas que acudieron a la llamada de su gira de reunión. El dúo hizo diana en corazón de los fans. Se sabía que los habían adorado en los ochenta y noventa. Ayer certificaron que esa devoción se mantiene intacta. Contemplar a todo el recinto cantando a oscuras Esos ojos negros para solicitar un bis podía ser el resumen perfecto de una noche de emociones encontradas. También la lectura de la mítica En algún lugar con todo el público en pie coreándola. O, quizá, un Mikel Erentxun desmelenado recordando que un día amó a Elvis por encima de todas las cosas con La barra de este hotel.

Apenas se trata de tres notas de un recital, ante todo, emotivo. Acudían Erentxun y su compañero Diego Vasallo presentando nuevo material, el contenido en El duelo. También rescatando por primera vez piezas de Crepúsculo, el disco del 2001 que no llegó a tener gira. Y mirando al pasado en una clave de rock electroacústico con un pie en el country y otro en el folk, un poco entre Bob Dylan y Johnny Cash. La mezcla de todo cuajó, dejando una de esas noches rejuvenecedoras para el grupo y el público. Ambos vibraron trasladándose a ese pasado aterciopelado de Rozando la eternidad; revistiendo de banjos la originalmente sintética La casa azul; o reinterpretando con voz quedraba la otrora frágil Rosa gris de Diego Vasallo. Todo mientras a su lado iban cayendo piezas nuevas como Los días buenos o El duelo, que ya piden honores de clásico en el repertorio.

Pero, por supuesto, donde hicieron verdadero clic los vascos fue rescatando esas piezas-himnos de una generación. Cuando sonó Cien gaviotas aquello se venía abajo. Al responder los deseos de su clientela con Ojos negros llenaron de significado cada letra de la palabra interacción. Y, ya al final, tocando Jardín de rosas con las luces encendidas y la gente bailando en los pasillos dejaron la fotografía definitiva de un concierto tan vivido como disfrutado.