«¡Pi, pi, pi desde as sete da mañá!»

A CORUÑA

El latoso día a día con las voladuras y las obras del monte Costa cullerdense

07 jul 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

Al pie del monte Costa, en Culleredo, el polvo cubre el coche de Lucía, una de las residentes en el entorno de esta loma donde se han iniciado las voladuras para extraer el material destinado a la ampliación de Alvedro. «Era blanco, ahora es marrón», señala hacia el vehículo desde su vivienda. Faltan minutos para la detonación. «No sé si te dejarán estar ahí, métete dentro», advierte. Son decenas las casas próximas al monte Costa y sus propietarios -algunos, resignados- que han de convivir algo más de un año con unas obras manifiestamente molestas. A finales de mayo, se les informó de los pormenores: por ejemplo, el trasiego de camiones desde las siete de la mañana hasta las once de la noche, de lunes a viernes. Pero saberlo no hace más fácil vivirlo: «O peor é aguantar o ruído continuo. Esas máquinas con marcha atrás... ¡Pi, pi, pi desde as sete da mañá!», dice otra vecina en un comercio. Las barrenas para perforar el monte ya son otro mundo.

Aunque los encargados de las obras mojen la calzada vaciando cisternas con agua, el polvo que se levanta al mover tierra se adhiere a vías e inmuebles. «Non podemos abrir as ventás», dicen Carmen y Clara Brañas, hermanas. Toda su vida han vivido en esas casas e incluso aguantaron años atrás las voladuras «para abrir esta carretera». Para ellas, la porquería es casi un mal menor: ven más «peligro» en las piedras «grandes e soltas» que transportan los camiones de los que varios residentes comentan que no van tapados «como deberían»: «Cando vamos ao cemiterio pasan pola estrada e se un día cae unha pedra...». A una casa situada en el perímetro de los 200 metros, afirman vecinos, le cayó una contra el cierre. «Falaron de evacuación, pero ¿a onde?. Tampouco temos coche para marchar mentres hai a explosión», explica Carmen. De las voladuras, una al día entre las 13.30 y las 15.30 horas, se encarga una empresa contratada por la UTE Alvedro-Aeropuerto, la adjudicataria de la obra tras el convenio con la Diputación, propietaria de los terrenos.

Aviso diario puerta a puerta

Las detonaciones mantienen «sempre nunha tensión» a vecinos como Carmen y Clara. Primero les avisan con señales acústicas. Después, puerta a puerta, para que durante unos minutos no salgan: «Veñen todos os días», agradecen. «Tiembla dentro pero bien, parece que se cae todo. Y a veces avisan con sirenas y aún tarda un rato la explosión. Otras ya es al momento», se queja Lucía. El Ministerio de Fomento, del que depende Aena, desgranó en su día la medidas de seguridad -incluso hay medición de posibles grietas- pero las incomodidades diarias a estos habitantes no se las quita ningún reglamento. Es una obra «monstruosa», según la define Emilio Seijas, vecino de la avenida San Miguel, algo más arriba. Él y los residentes en su zona ya sufrieron y «loitamos» contra las consecuencias de la ampliación de la pista en su fase inicial. Ahora les toca menos. La actual es una obra de la que otros vecinos temen «que vaia quedar plantada» por «innecesaria». «Sufrir para nada», dicen. El alcalde, Julio Sacristán, consciente del ruido, solicitó a Aena mediciones para comprobar si este se ajusta al límite. Espera resultados para la semana.

El alcalde pidió a Aena mediciones de ruido y espera tener resultados para la semana