Una huelga general de 1890 pedía una jornada laboral de ocho horas
05 may 2013 . Actualizado a las 07:00 h.«Conquistar la vida, la libertad y la salud». Esos fueron los móviles que guiaron la actuación de los obreros coruñeses en la huelga que protagonizaron en mayo de 1890. Del 5 al 12 de ese mes reivindicaron, de forma pacífica, la jornada de ocho horas, la supresión del trabajo extraordinario mientras existan obreros en paro y la abolición completa del trabajo nocturno.
Todo comenzó un año antes en París. Representantes obreros de diferentes países fundaron la Segunda Internacional, de carácter socialista marxista y acordaron celebrar una gran manifestación, el mismo día en todos los países, en la que los trabajadores exigirían a los poderes públicos la reducción de la jornada de trabajo a ocho horas diarias. La fecha fijada fue el 1 de mayo de 1890, en honor de los mártires de Chicago. Sería la primera convocatoria de manifestación conjunta internacional de la historia.
Discrepancias sindicales
A medida que se acercaba la fecha fueron surgiendo diferencias entre las distintas organizaciones obreras sobre la estrategia a seguir. En España, los socialistas decidieron trasladar la celebración al domingo 4 de mayo y realizar solo mítines y manifestaciones pacíficas que culminarían con la entrega a las autoridades de sus peticiones de jornada de ocho horas y supresión del trabajo nocturno e infantil. En cambio, los anarquistas apostaron por mantener el día 1 de mayo y por realizar una huelga general para imponer de forma inmediata las ocho horas. Estas discrepancias hicieron que la celebración del primer Primero de Mayo adoptara formas distintas.
En A Coruña, la mayoría de los obreros afiliados en sindicatos estaban vinculados a la Federación Obrera anarquista. Sus condiciones de trabajo eran muy variadas, pero muchos tenían una jornada que superaba las 12 horas diarias. El 1 de mayo de 1890 no pasó nada. Las reivindicaciones empezaron el domingo 4; tras la celebración de un mitin, la Federación Obrera acordó ir a la huelga general.
Los carpinteros y canteros fueron los primeros. En días sucesivos se sumaron los herreros, pintores, peones y albañiles, ebanistas, hojalateros, marmolistas, operarios y operarias de las fábricas, tipógrafos, carreteros, sastres y sastras, zapateros, modistas, peluqueros, dependientes de comercio, panaderos?. El 8 y 9 la ciudad estaba completamente paralizada.
Propiciadas por el gobernador civil, comenzaron las gestiones para buscar una transacción. En la tarde del 9 los patronos hicieron su oferta: accedían a la jornada de ocho horas en invierno y rebajarían la del verano, aceptando también realizar mejoras relacionadas con las demandas específicas de cada oficio. El 10 por la mañana los obreros votaron favorablemente el acuerdo. Diferencias en torno a si la jornada de verano debía ser de diez horas o de diez horas y media prolongaron la huelga hasta el 12. Finalmente se acordó partir la diferencia: sería de 10 horas y cuarto. El 13 la ciudad recuperó su ritmo normal de trabajo. La huelga había sido un éxito para los obreros.
«La ciudad quedó paralizada por obreros que tenían jornadas de 12 horas»