Cinco mil magdalenas, hinchables y miles de niños homenajearon a la torre de Hércules en el tercer aniversario de la declaración del faro como patrimonio de la humanidad. La tarde estuvo protagonizada por el fuerte viento, compañero inseparable de la Torre durante muchos siglos, que no faltó a la cita para soplar las velas. En la rampa que conduce a la entrada del faro, un gran equipo de altavoces amenizaban la fiesta con canciones infantiles. Un paraíso para los niños, y para los papás, que podían ver cómo se iba despidiendo el sol tras el faro mientras los pequeños jugaban.
El parque se llenó poco a poco y pronto empezaron a crecer las colas alrededor de los hinchables. Sin embargo, la espera más larga era para el algodón de azúcar, en un puesto situado junto a la estatua de Breogán. Al otro lado de la figura del mito celta estaba otra de las grandes, y dulces, atracciones de la fiesta. Una enorme tarta compuesta por más de cinco mil magdalenas de variados sabores, y preparadas por pasteleros coruñeses, les hacía la boca agua a todos los que se acercaban por allí. Dos cocineros, que tenían que hacer realmente la función de guardias de seguridad, custodiaban el pastel para que los niños no lo asaltaran. Cerca de allí se repartían también montones de camisetas que destacaban el aniversario del nombramiento de la Unesco.
Poco antes de las nueve y media de la noche llegó la traca final del homenaje. Tras varias cuentas atrás fallidas, los fuegos artificiales envolvieron la Torre, acompañados de grandes llamaradas extendidas por el parque. Ante la mirada de un río de gente esparcida a lo largo de la rampa, un espectáculo atronador y lleno de luz puso el punto final a la fiesta. Después de los aplausos y exclamaciones de admiración, el presentador, Pablo Portabales, anunció que habría regalos, «para los niños», matizó. Entonces, una marabunta de chavales, pero también de mayores, corrieron cuesta abajo hacia los pasteles y las camisetas.
Conseguido el obsequio y tras hincarle el diente a las deliciosas magdalenas, familias enteras pusieron rumbo a casa mientras el día se apagaba tras la torre que quedaba a sus espaldas. Un dulce y feliz aniversario para el faro icono de la ciudad.