Café para los vecinos del cajero

Rodri García A CORUÑA / LA VOZ

A CORUÑA

EDUARDO PEREZ

La Cruz Roja reparte mantas y bebidas entre quienes duermen en las calles coruñesas

03 feb 2012 . Actualizado a las 17:19 h.

Más calor. Era lo que demandaban anoche las decenas de personas que duermen en las calles de la ciudad, muchas de ellas en cajeros. «Ahora tengo la ocasión de ayudar a los demás», dice el cartel de una de las entidades bancarias de la zona de Cuatro Caminos, animando al voluntariado social. Detrás del cristal con el cartel, duerme a diario un indigente, con sus pertenencias encadenadas. «Ata la mochila con una cadena como la de las vacas», ironizaba Pedro, que en la noche del miércoles se disponía a dormir en otro cajero cercano a la estación de San Cristóbal.

Más calor. Es el nombre del programa que lleva al personal de la Cruz Roja a atender a las personas que duermen en la calle y que se activa «cuando las temperaturas son de menos de cuatro grados o hay temporal con viento de más de 80 kilómetros hora», explicaba Patricia Gallego, directora de intervención social. Las noches de los miércoles profesionales y voluntarios salen de ronda y esta vez empezaron por el cajero que Pedro compartía con Estrella y su pareja, un eslovaco. «Mañana nos vamos, que la gente vea que de esto se puede salir», insistía el hombre. Y es que en la noche de ayer ya tenían previsto dormir en un piso que habían alquilado en la zona de la estación de tren, después de que Ayuntamiento y Cruz Roja les arreglaran el papeleo para que puedan cobrar el Risga.

Más calor. Era lo que trataban de llevar los técnicos y voluntarios de la Cruz Roja a una mujer que se encontraba medio acostada en el interior del cajero y cuya dura historia apuntaba Pedro: «Se murió su marido en un accidente, cuando iba para Ferrol; eso le afectó mucho y acabó así», concluye. Los voluntarios conversan con otra mujer que se acerca al cajero: «Ni a mí ni a mis hijos me dan nada». Un par de usuarios del cajero entran y miran con curiosidad el panorama. Pedro se deja llamar Antonio por varias personas y al preguntarle por su verdadero nombre guiña un ojo.

Más calor. «En Burgos tengo un piso y allí cuando pongo la calefacción tengo que abrir la ventana con el calor que hace», relata este hombre de 70 años. Los últimos diez los ha pasado en la calle después de jubilarse de su trabajo de camionero, «mira que hice kilómetros por ahí adelante». Muestra las secuelas de un accidente y confiesa que fue el fallecimiento de su esposa, «que era coruñesa» lo que le empujó a la calle. Acepta la manta que le ofrece una voluntaria, «es pequeña y la puedo meter en la mochila».

Los voluntarios seguían su recorrido: en la zona de Riazor les esperaba Antonio, «si no está allí estará en el cajero...», y luego la calle Barcelona, unas cuantas horas repartiendo más calor.