El mundo cambió


Primero fue el estupor. Después la tristeza, la indignación. A continuación, el análisis y la frase para la posteridad. El mundo ya nunca será igual. El 11-S borraba las torres gemelas del skyline de Nueva York y, con ellas, se desplomaba el pasado. ¿Cambió tanto el mundo? Lo hizo de forma brutal para las víctimas de ese y de otros atentados, y para los que murieron en las guerras nacidas de aquellas cenizas. No es que el mundo cambiara para ellos. Simplemente se acabó. En cuanto a los testigos indirectos, presenciamos nuevas puestas en escena de viejas obras de teatro. Versiones de antiguas canciones. Estados Unidos siguió siendo el gendarme internacional, la locomotora de las decisiones, con Europa viajando en un segundo vagón, y con los viajeros facturando escrupulosamente sus champús.

Paradójicamente, para muchas personas los cimientos de su universo se tambalean ahora, por otro terremoto diferente, pero con el mismo epicentro que el 11-S. Su tierra tembló por la crisis económica que estalló con violencia en aquel mismo corazón financiero que había sido atravesado por dos aviones. Se vieron en manos de algunos de los que corrían bajo aquella tormenta cruel de polvo y escombros, con trajes y maletines que ya no importaban. Aquellos ciudadanos aterrorizados fueron percibidos entonces como propios en muchos países. Entre ellos estaban los ejecutivos de Morgan Stanley o Merril Lynch, gigantes e inquilinos ilustres del antiguo World Trade Center. Y el resto, es historia conocida. Después llegaron las deudas, el paro y el recorte de derechos. Estupor. Tristeza. Indignación. Y la certeza de que el mundo ya nunca será igual.

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