El trabajo de Carlos Arrojo consiste en convertir en ilustraciones los textos de otros. Y lo hace muy bien. Se puede comprobar en Geografía mágica, el libro de Ana Cristina Herreros. Ella escribe. Arrojo convierte en fantasía con su trazo sensible y preciso sus palabras. Acaba de ganar el premio del Ministerio de Cultura al Mejor Libro Editado del 2010 en la categoría de infantil y juvenil. «Premiaron el libro, no solo mis ilustraciones», precisa el dibujante que no puede ocultar su alegría.
Pasando sus páginas se pueden encontrar fácilmente sus claves. Sí, ese trazo sensible heredero de «los grandes maestros del Renacimiento, como Miguel Ángel y Leonardo, cuyos estudios de anatomía siempre me fascinaron». También el gusto por lo onírico, que llega de la devoción por «la literatura fantástica y ligada a lo mágico», apunta. Y, por último, la minuciosidad: «Mi proceso de construcción de las imágenes es muy lento, me lleva mucho tiempo».
De todas formas, pese a que esta obra mire hacia un público infantil-juvenil («por la edición, creo que también puede interesar a adultos», apunta), el autor no quiere cerrarse a ningún público. «A mí me interesa la ilustración en general, me encantaría, por ejemplo, ilustrar clásicos de la literatura», dice.
Sentimiento generacional
Carlos Arrojo se siente parte de una generación de ilustradores gallegos que cuentan con aliados como Internet, que hace 20 años eran impensables. Cita a David Rubín o Alberto Vázquez, pero lo lleva más allá de A Coruña: «Creo que es más a nivel gallego, del noroeste de la Península, gente como Brais Rodríguez que ganan muchos premios y que tienen un valor muy emergente. Luego, está el tema del cómic. Yo no lo hago porque no considero que sea mi medio de expresión».