Iago Aspas y Dani Abalo son inseparables desde que el fútbol los unió en juveniles. En el verano del 2007 entraron en contacto con Michu en un Celta B de ensueño y en la noche del miércoles se revelaron como el revulsivo que necesitaba el Celta en la primera etapa del retorno a la élite. Los tres forman ahora un nuevo tridente que se convierte en alternativa a los tres jugones de la vanguardia celeste. Ellos, que vivieron en sus carnes la caída libre de un histórico, quieren ser protagonistas del resurgimiento. «Desde que estábamos en el filial hemos trabajado dos o tres años juntos y año a año hemos ido perfeccionando ese entendimiento», resume Aspas. El trío aprovechó la recta final del campeonato para pedir paso, pero ninguno tuvo la recompensa de la titularidad. Sin embargo, el partido de ida con el Granada le tenía reservado un papel protagonista en forma de gol.
Los tres actuaron como revulsivos, un papel para el que parece estar dispuestos y dotados. «Nos salieron bien las cosas a los tres que entramos, tuvimos la oportunidad de disfrutar minutos y hacerlo bien o ojalá podamos ayudar cada vez que salgamos desde el banquillo», apunta el diestro arousano, mientras el ovetense huye de etiquetas: «El entrenador siempre ha dicho que aparte de los once que salen, los que entran desde el banquillo tienen que ayudar a ganar el partido».