AMOR Y OTRAS DROGAS
Director: Edward Zwick. Intérpretes: Anne Hathaway, Jake Gyllenhaal.
Las películas de amor con uno de los miembros de la pareja enfermo es subgénero de honda tradición en Hollywood. Juntar en esa senda a Jake Gyllenhaal y Anne Hathaway, que ya tuvieron su desencuentro en Brokeback Mountain, semeja una de esas operaciones que a la industria americana le parece segura. La chica que se enfrentaba a Meryl Streep vestida de Prada tiene un físico frágil ideal para ser dama de las camelias, ahora con párkinson. Pero, precisamente, Edward Zwick, director de artefactos de diseño a lo Leyendas de pasión, solo es solvente cuando no transita por los caminos del almíbar como en Tiempos de Gloria o en Diamante de sangre. Aquí se pierde entre revolcón y revolcón, entre disputa y disputa, a golpe de videoclip. De fondo, los anodinos años noventa del nacimiento de la viagra, pues el prota es un comercial que vende la célebre pastillita, de hospital en hospital, seduciendo enfermeras.
La película es de las que se ven y se olvidan, sin nada realmente malo, sin nada que se salga de lo adocenado, como en otra dimensión, tal y como le dice Jake Gyllenhaal a la doliente Anne Hathaway: «Debe haber un universo paralelo para una pareja como nosotros».