Carral inaugura con un baile un edificio que servirá como centro de reunión de la tercera edad
A CORUÑA
Un baile en la planta baja y juegos de cartas en la segunda fueron las primeras actividades del edificio de Servicios Sociales de Carral reabierto ayer para el uso que estaba concebido, centro para el disfrute de la tercera edad, tras haber albergado hasta la pasada semana las dependencias municipales mientras el consistorio se estaba reformado.
El Ayuntamiento remitió un total de 1.677 cartas a los mayores de 60 años del municipio para citarlos a este primer baile de la temporada, que tendrá una nueva edición el próximo día 2 y que se espera que se consolide en el futuro como cita semanal.
Reconocimiento
Este edificio, situado en la calle Juan Manuel Seijas y próximo a la casa consistorial, se logró gracias al respaldo de un vecino, Toñito Espiñeira, que cedió el terreno y para el que el regidor, José Luis Fernández Mouriño, tuvo ayer unas palabras de agradecimiento, además de entregarle, a modo de reconocimiento, a su viuda una metopa municipal. Por eso, el inmueble se ha bautizado con el nombre del anterior dueño de la parcela en la que se asienta.
Florinda Duarte, concejala de Educación, Emprego e Comercio, explicaba ayer que el Concello sufragó el coste de creación del archivo municipal ya en funcionamiento, en la planta sótano, mientras que la Xunta abonó el resto de la inversión para construir en la planta baja la sala de usos múltiples que ayer se estrenó con un baile, en la primera las dependencias del departamento de Servicios Sociales y en la segunda, el salón social con mesas para juegos, una televisión y un espacio como biblioteca. El Ayuntamiento de Carral estima que la inversión en todo el inmueble alcanzó los 600.000 euros.
«Esta xente necesitaba un espazo para eles, a Casa da Cultura subía só un pequeno grupo», reconocía Florinda Duarte, animando a los primeros en llegar al edificio a sumarse al baile. Como en cualquier celebración de estas características y más en fechas navideñas no faltó el champán y los polvorones. Mientras que para los más frioleros había chocolate y churros a precios populares.