A Coruña desatáscame

Por Laureano López

A CORUÑA

El 8 de diciembre La Voz tituló en portada: «A Coruña soportó ayer atascos de pesadilla», y en páginas interiores «Kilómetros para perder la paciencia». Apenas cuatro días después el Teatro Colón servía como escenario para la presentación del nuevo lema de la ciudad, A Coruña gústame. Sucedió entre atasco y atasco, entre disgústame y disgústame, pues poco tiempo después, el día 14, el vuelco de un coche en la avenida de Alfonso Molina volvía a poner la ciudad patas arriba. Lemas al margen, ha quedado demostrado que el problema del tráfico es uno de los más graves que soporta A Coruña. Y no solo en su apartado circulación. También en la sección aparcamiento: algunas guías turísticas desaconsejan a los visitantes llegar al centro de la ciudad en coche: si lo hacen, lo más probable es que no encuentren aparcamiento, y mucho menos gratuito. Aparcar es casi imposible y sale muy caro en A Coruña.

Lejos quedan las sorprendentes declaraciones de responsables municipales sobre el problema del tráfico. Se dijo, y en las hemerotecas está, que esta ciudad es, en materia de aparcamiento, como cualquier otra. Probablemente también en materia de pintadas o de actos vandálicos alguien diga lo mismo, pero a los que vivimos en A Coruña las comparaciones no nos sirven de consuelo. También se puede encontrar en las hemerotecas el anuncio de la licitación de la ampliación de Alfonso Molina, aunque mucho hay que rebuscar: se publicó hace ya once años. Nada se hizo. Un año antes se aprobó el plan viario metropolitano, que por fin dibujaba la luz del túnel: una tercera ronda y una vía Ártabra que estarían a pleno rendimiento un decenio después. Han pasado doce y basta ver las páginas de la tercera ronda publicadas hoy en este periódico para comprobar qué ha sucedido. Se ha avanzado en los despachos, en las obras y en las licitaciones, pero a efectos prácticos todo sigue igual, aunque con una diferencia sustancial: al problema del tráfico se ha unido últimamente el problema de las cuitas políticas. El penúltimo gran colapso, el del pasado día 14, coincidió precisamente con un atasco de reproches entre las administraciones autonómica y local sobre quién es más responsable de las retenciones nuestras de cada día. Al mismo ritmo que las acusaciones subían de tono, la ciudad volvía a sufrir un fenomenal embotellamiento. Una vez más, los políticos iban por un lado y los problemas de la ciudad por el otro. El tramo de la tercera ronda completado hace ya varios años, estrenado solo por los enemigos de lo ajeno, es hoy un monumento al despropósito.

Para los coruñeses, quién o quiénes tengan más o menos culpa es un asunto secundario. El barómetro de Sondaxe publicado recientemente por La Voz deja claro que el tráfico es el tercer problema que más afecta a los coruñeses, solo por detrás del paro y de la crisis económica, que en realidad son la misma pescadilla mordiéndose la cola. Quizás si el tercer problema se resolviera, pues afecta y mucho a la economía de los taxistas, de los estudiantes, de los autónomos, del pequeño y del gran comercio, de los hosteleros, peluqueros, funcionarios, artistas o limpiacristales, podríamos empezar a desatascar los anteriores. Sin tercera ronda, sin metro ligero, sin plan de transporte metropolitano, sin plazas de aparcamiento, sin párking del Parrote, con doble, triple y cúadruple fila, con medianas a veces inexplicables, con sus mil glorietas, A Coruña, y a pesar de todo, hace honor a su por otro lado nada original lema: gústame. Pero infinitamente más nos gustaría a todos si de una vez por todas quedara desatascada.