Los alumnos del CEIP Montel Touzet retornan a sus aulas entre sonrisas tras su paso temporal por el Curros Enríquez
26 nov 2010 . Actualizado a las 02:00 h.Sonrisa. Tanto de padres como de hijos. Ese fue el gesto predominante a las puertas del Montel Touzet, que vivió su particular y retrasada vuelta al cole. Debido a los trabajos de sustitución en la cubierta y estructura del edificio, los alumnos tuvieron que arrancar el curso 2010-2011 de un modo un tanto especial: en las aulas del colegio vecino, el Curros Enríquez. Ayer finalizó esa anomalía.
«La verdad es que estábamos deseando venir», confiesa Raquel Varela mientras despide a su hijo de 7 años. «Él está contentísimo de regresar al colegio de siempre y yo también», comenta. El beneficio principal, más allá de la recuperación de la normalidad, lo da la posibilidad de aparcar. «Aquí es todo mucho más fácil, porque lo puedes dejar aparcado un momento y no tienes problemas. Allí todo era muchísimo más complicado, y además había muchísimos niños. Yo vivo fuera y para ir allí tenía que dar mucha más vuelta que para venir para aquí».
En el caso de Yolanda Montero no hubo el más mínimo problema. «No tuvimos ningún trastorno, de hecho vivo más cerca del Curros Enríquez que de este», explica con su hijo Christian, de 8 años, de la mano. Su rostro transmitía una enorme felicidad por el retorno. «Pero, bueno, -continúa- la verdad es que me da igual, porque mi marido lo lleva y lo trae sin problemas a donde sea». Él, sin embargo, dice que no le hizo ninguna gracia el cambio de este año: «El niño se adaptó bien, pero pienso que todo esto era demasiado improvisado. Creo que lo deberían tener previsto para empezar el curso con normalidad».
Dolores Liñares tiene a Lucas, de siete años, en el Montel Touzet. Sostiene que este período resultó «engorroso». «Pienso que lo peor fue para ellos. Los que llevamos a los niños andando no hay problema, salvo los días de lluvia, pero para los que los llevan en coche resultaba una verdadera locura. Ellos se encuentran desubicados, no están en su entorno habitual y, claro, no es lo mismo».
Lucas protestó la semana pasada: «Hasta entonces no decía nada. Dijo que no le gustaba ir al colegio de arriba y que ya tenía muchas ganas de ir al de abajo. Ahora está contentísimo y, lógicamente, yo también».
169 alumnos
Un total de 169 alumnos se vieron afectados por los trabajos de sustitución de la cubierta. Desde la Xunta sostienen que este retraso fue debido a la tardanza del Ayuntamiento en la concesión de una licencia. «Con esta actuación, a Xunta dá resposta a unha vella demanda da dirección, ao tempo que mellora as condicións de traballo tanto dos alumnos coma do resto de persoal do centro», indicó el delegado de la Xunta, Diego Calvo.
Las obras tuvieron un presupuesto de 271.364 euros y consistieron en la sustitución de la vieja cubierta por una estructura metálica, con placas impermeabilizantes aislantes y una nueva tela de remate.