La crisis llega también al mercadillo

Javier Becerra
Javier Becerra A CORUÑA/LA VOZ.

A CORUÑA

El tradicional mercadillo de los Mallos está de capa caída. Todo ha bajado: el número de puestos, el público y, cómo no, las ventas. Los comerciantes apuntan como causas el traslado del mismo de la entrada de la Grela a su actual ubicación -al lado del instituto de la Sardiñeira- o la apertura de firmas multinacionales en centros comerciales contra las que no se ven capaces de competir. Pero sobre todo señalan a un lugar más abstracto: la crisis.

«La crisis afecta a todos, tanto da que vendas ropa barata o cara», explica Jorge Veiga, un vendedor ambulante con más de 30 años de profesión a las espaldas. Pretende romper con esa idea difundida de que, en este clima social, el público dirige sus ojos al género más barato. «Están todo el día con la crisis a vueltas, la gente se asusta y no gasta. Lo llevamos viendo desde hace unos cuatro años, pero como este nunca. En todo el tiempo que llevo en este negocio nunca vi algo así».

Veiga le pone cifras a su caso: «Antes podía hacer 300 euros en una mañana. Ahora hago solo 80. Y las cosas son más baratas. En pesetas vendía una camiseta de estas -señala una interior de asas- por 500 pesetas. Ahora por 3 euros doy dos. Si la bajo más pierdo dinero, así de claro».

El discurso de Veiga resume el sentir general del mercado. José Israel Hernández confirma que «cada año va a peor, vendemos un 60% menos». Ve complicado que con su infraestructura puedan competir con los precios de las cadenas multinacionales de ropa barata. «Antes nosotros éramos los más baratos, ahora nos superan. Veo un futuro muy complicado».

La conversación sigue buscando causas. Aparece Zapatero en acción. «Desde que está él todo es un desastre», dice Veiga. «Pues con Rajoy no veo que vaya a mejor», opina Manuel Escudero, varios puestos más arriba. Le preguntan por el precio de un mantel y contesta con enérgica voz de vendedor: «¡50 euros, señora, y con 12 servicios, mire que maravilla!». La clienta se da la vuelta y Escudero vuelve al origen de todo: «No hay cuartos, la gente tiene miedo y cada vez nos resulta más complicado poder pagar todo lo que nos cuesta esto».

El peor momento

Marcos Valverde es un músico cubano que en ocasiones se acerca a los mercado a tocar piezas y recoger la monedas con las que le agasaja el público. Interpreta al saxo el pasodoble En el mundo, con tono triste bajo un cielo totalmente encapotado. Pura melancolía. «No lo hago por entristecer, yo toco lo que a la gente le gusta», aclara sonriendo. «Son tiempos malos. De los 12 años que llevo acá, el peor, pero yo tengo mucha experiencia en la vida como para venirme abajo con esas cosas».

Sus notas se cuelan entre el trasiego de la gente. «Cada vez viene menos y cada vez hay menos puestos», añade Valverde que mira hacia las zonas vacías del mercadillo. Anabel Castro y Manuel Gestal decidieron acudir. «Hace mucho que no veníamos, tenía la mañana libre», dice ella. «Pero ya no es lo que era. Yo estudié en ese instituto -señala el IES Sardiñeira- y esto estaba siempre lleno».

Dicen, como compradores, que en esas firmas a las que los comerciantes señalan como competidoras «tienen probador y puedes cambiar la ropa», pero que aun así «para comprar cosas como zapatillas o ropa interior estos sitios son los mejores». De hecho, los dos son habituales de ferias en la comarca.

Manuela Rial acude «unha vez ao mes». Asegura que le «atrae o ambiente, aínda que cada vez vai a menos e xa non é o que era». El recuerdo de lo que fue el mercado flota en el ambiente como algo irrecuperable, aunque el futuro se mira con una medio sonrisa: «A ver si los políticos arreglan esto, que si no...», dice Manuel Escudero.