El mar bailó rocas de más de una tonelada

La Voz A CORUÑA/LA VOZ.

A CORUÑA

Era solo agua, pero tenía la fuerza de un auténtico torpedo. El oleaje no solo tumbó la barandilla del paseo marítimo en el Orzán o los Pelamios, arrancó bancos y farolas, levantó asfalto e hizo volar arena y plantas. Nada para extrañarse con una mirada a la zona más agreste: en San Roque de Afuera llegó a mover piezas de la escollera y rocas de más de una tonelada de peso se desplazaron de su sitio también en las Esclavas.

«Llovieron piedras», se escuchaba con las crestas de las olas ya en descenso cerca del Millenium. Sus bajos quedaron convertidos en un salón sin paredes por el impacto de la marea, tan alta y elevada que no solo alcanzó y rebasó el repecho en el que se sitúa el monolito, sino que por momentos su espuma rivalizaba sobre el horizonte con los 46 metros de altura del obelisco.

Pero antes de llevarse por delante las paredes de ladrillo en la base del monumento, el oleaje no tuvo compasión con los bloques de granito que adornaban los muros, que fueron arrastradas por el mar rampa arriba y quedaron a escasos metros del paseo marítimo. Con los bajos ya al aire, el agua hizo su trabajo dentro y arrancó incluso las placas de hormigón que daban forma al piso del espacio que un día se ideó para una cafetería que finalmente nunca llegó a construirse.

San Amaro

El mar de fondo con olas imposibles también dejó su huella en la ensenada de San Amaro. Allí superó los doce metros de altura del dique de abrigo en la zona de arranque del paseo marítimo. Fue tal la cantidad de agua que el oleaje volcó sobre la calle de la Regata Cutty Sark que los aliviaderos de pluviales no dieron abasto. La vía quedó totalmente inundada y tuvo que ser cortada al tráfico por la Policía Local. Hasta la zona se desplazaron también los bomberos, que trataron de achicar con bombas sumergibles antes de dejar paso a la empresa encargada del mantenimiento del alcantarillado para aliviar la red de saneamiento.

El oleaje no dio tregua y recorrió toda la escollera del paseo marítimo hasta llegar al dique de abrigo Barrié de la Maza, a la zona en la que se ubica la torre de control del tráfico marítimo, donde perdía gran parte de su fuerza. Aun así las olas derribaron unos veinte metros de balaustrada del paseo en Os Pelamios, cerca del cementerio de San Amaro, en Orillamar. La altura de las olas en esa zona también alcanzó al menos los diez metros, ya que una vez que chocó contra la escollera superó la barandilla de hormigón, a unos siete metros de altura desde la parte más alta del rompeolas.

Cámaras y móviles

Y el espectáculo del mar embravecido animó a los coruñeses a acercarse a la costa para contemplar la fuerza de las olas. Cientos de personas se acodaron en el paseo marítimo para ver los efectos del temporal Becky . Cámaras fotográficas y teléfonos móviles no cesaban de recoger las imágenes que tuvieron su punto álgido entre las cinco y las seis de la tarde, coincidiendo con la pleamar.

Mientras que decenas de efectivos de los cuerpos de seguridad vigilaban que los curiosos no se acercasen a las zonas más peligrosas, los automóviles vieron interrumpida su marcha en varios carriles del paseo marítimo entre las cinco y media y las siete. Por su parte, miembros del servicio de Protección Civil habían alertado a los dueños de las tiendas más cercanas al mar que durante esas horas era más prudente cerrar el establecimiento, aunque finalmente ninguno de los comercios tuvo que tomar esa medida.