El trabajo ha llevado a este ingeniero coruñés a residir desde hace casi año y medio en Shanghái, donde nacerá su tercera hija el próximo septiembre
22 may 2010 . Actualizado a las 02:00 h.Carlos Conde ha decidido que su patio de recreo sea lo más amplio posible. Tras realizar numerosos proyectos en distintas partes del mundo, su última aventura profesional le ha llevado, a él y a su familia, hasta Shanghái, ciudad que vive estos meses la vorágine de la Exposición Universal. Carlos aprovecha y se escapa a su Coruña natal unos días, pero todavía le queda China para rato: «Dentro de mi plan de desarrollo profesional siempre estuve abierto a irme al extranjero, y cuando en mi empresa me ofrecieron como destino un mercado en crecimiento como el chino, me pareció una gran oportunidad. Así que llevo allí desde enero del 2009 y, como mínimo, estaré allí otros dos años, aunque puede que prolongue la estancia algún tiempo más, ya veremos», asegura cauto.
Este joven ingeniero tiene dos hijos y está esperando el tercero, que nacerá en septiembre en Shanghái. «Eso también influyó. Los niños son todavía pequeños y están en unas edades magníficas, son como esponjas que todo lo absorben. El mayor va a un colegio inglés y juega en inglés. El chino lo sabe, pero se resiste a hablarlo. Y la pequeña va a una guardería en chino», explica. Contó, a la hora de decidirse por un destino tan lejano, con el apoyo incondicional de su mujer: «Fue ella la que me animó. Además, morriña no tenemos, porque yo ya llevaba ocho años trabajando en Madrid, y mi mujer es mexicana, así que estamos acostumbrados a estar lejos de casa».
La Venecia china
Reside a 50 kilómetros de Shanghái, en una localidad de seis millones de habitantes llamada Suzhou y a la que se conoce como la Venecia China: «Son famosos sus canales, sus jardines y su seda. Marco Polo se refirió a ella como un trozo de paraíso en la tierra. Es una zona residencial a la que se le ha añadido un parque industrial para descongestionar Shanghái», cuenta Carlos, que tiene allí su preceptivo grupo de españoles: «Nos reunimos una vez al mes unas 30 o 40 personas para cenar y charlar de cualquier cosa menos de política y fútbol», advierte entre risas.
Asegura que visitará la Expo, «pero más adelante, cuando Pudong se vacíe un poco». Y es que eso es lo que más chocó a Carlos al llegar, la cantidad de gente: «Impacta. Es como si multiplicases por quince el número de personas que hay aquí. Pero te acostumbras».